27 enero 2026

Disruptores endocrinos: Tóxicos invisibles en nuestra vida diaria.

 

Hasta 800 sustancias tóxicas se han registrado como potenciales disruptores endocrinos.

 
Estos tóxicos entran en el organismo a través de plásticos, aditivos, conservantes y otros materiales sintéticos. Se encuentran en botellas, envases, latas de conserva y de bebidas, tejidos (ropa, tapicerías, cortinas), pinturas, cosméticos, higiene, herbicidas y pesticidas utilizados en agricultura.

Un disruptor endocrino es una sustancia que al entrar al organismo, por similitud, es confundida como una hormona, incidiendo en el funcionamiento del sistema hormonal. Alteran los receptores celulares que tienen que recibir la información que traen las hormonas, activando en exceso algunos e inhibiendo en otros casos.

Por similitud, compiten con las hormonas reales por estos receptores celulares. Alteran la metabolización y transformación de hormonas naturales. Son capaces de producir alteraciones genéticas que pasarán a siguientes generaciones.

Es imposible hoy en día escapar a estas sustancias. España es el mayor consumidor de pesticidas de Europa. Así lo avalan los últimos datos publicados por Eurostat correspondientes al año 2017, que sitúan a nuestro país como líder europeo con la comercialización de 71.987 toneladas de plaguicidas.

Los efectos de estas sustancias nocivas suceden desde dosis de exposición muy bajas, en el caso de algunos plaguicidas o exposición media, como el bisfenol A. Incluso estos tóxicos actúan algunos en sinergia y se potencian mutuamente.

Las normativas con plaguicidas y herbicidas en Europa son y han sido muy laxas, a pesar de haberse reconocido ya el efecto nocivo en la salud. Hay normas que no se cumplen ni de lejos.

Se han limitado algunos disruptores en productos de consumo infantil, pero en alimentación sigue habiendo una permisividad, con un trasfondo claro de intereses económicos y de poco interés por la salud de la población en general.

Del total de los 137 plaguicidas distintos que se han encontrado en los alimentos españoles comercializados en 2018, sorprende que 53 de ellos (el 39 %) corresponden a plaguicidas no autorizados en la actualidad. Esto tiene dos lecturas, la del no cumplimiento de la norma, y la de la prevalencia de estos tóxicos en la tierra durante años.

Los plaguicidas no autorizados para alimentos de consumo directo humano, no incluye a la alimentación en ganadería. Muchos de estos tóxicos no autorizados, han aparecido en muestras de carnes, como por ejemplo el DDT, prohibido desde hace años.

Se estima que la Unión Europea tiene 43.000 compuestos químicos de síntesis en el mercado, muchos de ellos no están presentes en la naturaleza.

 

¿Dónde se encuentran?


Uno de los disruptores endocrinos más conocidos es el bisfenol A, que puede venir con las siglas BPA en plásticos flexibles y que dan ligereza a los envases en general.

Estos disruptores, en su mayoría, se comportan como estrógenos, haciendo que el organismo limite la producción de esta hormona en el caso de las mujeres, ya que siempre va a buscar el equilibrio; y en el caso de los hombres, creando una hiperestrogenia, que compite con la testosterona, disminuyendo los niveles de esta.

Se encuentran sobre todo en:


Plásticos

  • Botellas de agua y envases de comida: Muchos plásticos contienen bisfenol A (BPA)
  • Envoltorios de alimentos: Algunos envoltorios plásticos contienen ftalatos, utilizados para hacer el plástico más flexible. 


Productos de cuidado personal

  • Lociones, cremas y productos para el cabello: Algunos contienen parabenos y ftalatos, que actúan como conservantes o fragancias.
  • Maquillaje: Especialmente bases líquidas, labiales y sombras, pueden tener disruptores como parabenos o triclosán.
  • Bloqueadores solares y maquillajes que contienen oxibenzona o benzofenonas.
  • Perfumes y colonias: Frecuentemente contienen ftalatos para fijar la fragancia.
  • Papel higiénico y toallitas húmedas. Algunos de estos productos, especialmente los perfumados, pueden contener compuestos disruptores, como los ftalatos.

Productos de limpieza

  • Detergentes y limpiadores multiuso: Pueden contener alquilfenoles y ftalatos.
  • Suavizantes de telas: También se han asociado con ftalatos.

Alimentos procesados

  • Enlatados: Las latas suelen tener un revestimiento interior con BPA, que puede filtrarse a los alimentos.
  • Alimentos envasados en plásticos: Como los congelados o los que vienen en bandejas de plástico.

Recibos de papel térmico

  • Los recibos que te dan en tiendas o cajeros automáticos suelen estar cubiertos con BPA.

Pesticidas y herbicidas

  • Los productos agrícolas tratados con ciertos pesticidas (como el glifosato) pueden contener disruptores endocrinos que persisten en los alimentos y el medio ambiente.

Muebles y productos para el hogar

  • Espumas retardantes de fuego: Presentes en muebles, colchones y alfombras, que a menudo contienen éteres de difenilo polibromados (PBDEs), conocidos por interferir con el sistema endocrino.
  • Pinturas y barnices: Algunos contienen alquilfenoles.

Ropa

  • Ropa impermeable o resistente a manchas: A menudo contiene perfluorooctano (PFOA), un disruptor endocrino.

 


¿Qué trastornos de salud están detrás?


Los efectos de los disruptores endocrinos pueden tardar años en aparecer, y la exposición en época prenatal puede que no manifieste síntomas hasta edad adulta.

Hay ya evidencia de que influyen en:

- Trastornos del ciclo menstrual en la mujer, infertilidad, menopausia precoz
- Influyen en la aparición de endometriosis, ovarios poliquísticos
- Disminuye el número de espermatozoides en el hombre
- Pubertad precoz en mujeres
- Alteran el desarrollo del sistema nervioso central. Están asociados a déficit de atención e hiperactividad (TDAH), autismo, Parkinson y Alzheimer.
- Producen trastornos del comportamiento, déficit de atención e hiperactividad
- Favorecen trastornos metabólicos como la diabetes, hipertensión arterial
- Alteran la función de la glándula tiroidea 
- Producen trastornos inmunológicos. Se asocian a alergias, asma y enfermedades autoinmunes.
- Incrementan el riesgo de cáncer relacionados con las hormonas, como el cáncer de mama, de útero y/o ovarios, próstata y testicular.
 


¿Cómo deshacernos de estos tóxicos?


Primer paso, disminuir la cantidad de tóxicos


No beber agua embotellada en plástico. La mejor opción es tener tu propio sistema de filtrado en casa, de carbón activo, ya sea una jarra o sistemas directamente instalados en le grifo. No es recomendable la osmosis inversa, al eliminar también los minerales naturales que contiene el agua, y por la cantidad de agua que se desperdicia en el filtrado.

Utiliza productos del hogar con ecoetiqueta y asegúrate de que no contengan determinadas sustancias químicas como metilparabeno, etilparabeno, propilparabeno, butilparabeno, triclosán, triclocarbán, entre otros.

No uses pesticidas e insecticidas y recurre a repelentes naturales como la citronela, tierra de diatomeas, albahaca.

Utiliza ropa que sea de algodón orgánico, lino, bambú,, evitando poliéster, elastán, licras.

Elige productos cosméticos y de higiene con ingredientes naturales. Para evitar que lleven conservantes que puedan contener disruptores endocrinos, busca alguien en tu cercanía que los produzca de manera artesanal. 

Compra alimentos ecológicos, libres de plaguicidas, pesticidas e insecticidas. 
Estos son los alimentos más contaminados, consumirlos sólo de agricultura ecológica:

Fresas, espinacas, col rizada, kale, nectarinas, manzanas, uvas, cerezas, melocotones, peras, apio.

Reduce el consumo de pescados grandes como el atún rojo, pez espada, tiburón y de carne de ganadería no ecológica con mucha grasa donde puedan estar acumulados estos tóxicos.

También pueden encontrarse en la grasa de leche, quesos y yogures que no sean de producción ecológica.

Evita la comida envuelta en plástico, calentar o conservar alimentos en recipientes plásticos.

Guarda los alimentos en recipientes de cristal con tapa de silicona
 


El Método DRI en la eleminación de disruptores endocrinos
 


La eliminación de estos tóxicos requiere un orden preciso y órganos de detoxificación con una óptima función. El Método de Detoxificación Regenerativa Integral nos indica los pasos y el orden correcto:

Identificar los tóxicos para reducirlos, introducir hábitos generales y de alimentación que apoyen el proceso en el que nos encontremos.

Una dieta alcalina, en la que introducimos un 75% de alimentos alcalinizantes, es la mejor opción para ayudar en la eliminación de disruptores endocrinos y metales pesados.
Todas las hortalizas, frutas y verduras frescas ricas en minerales como el potasio, magnesio y calcio: espinacas, rúcula, brócoli, son alcalinizantes etc. 
Introduce grasas saludables de frutos secos, semillas, aguacate, aceites como el de oliva virgen extra o de coco.

El Método DRI es un programa integral de detoxificación y regeneración celular, diseñado con un orden perfecto y protocolos específicos para activar las funciones de detoxificación.

Un adecuado equilibrio del sistema nervioso activa estas funciones esenciales, es una de las bases del método. 

El intestino, uno de los principales centros de detoxificación, elimina parte de estos tóxicos metabolizados por el hígado a través de las heces. Para evitar la reabsorción de toxinas, es fundamental tener una mucosa intestinal sana y una flora bacteriana equilibrada, libre de parásitos y exceso de cándidas.

El hígado desempeña un papel crucial en la metabolización de disruptores endocrinos, tanto cuando ingresan al organismo y llega a la sangre, como cuando se movilizan desde los tejidos donde estaban acumulados. Si el hígado está sobrecargado y su capacidad de depuración es limitada, las toxinas pueden volver a acumularse en los tejidos.

Los riñones, a través de la orina, filtran las toxinas metabolizadas por el hígado, al igual que el intestino lo hace a través de las heces. Es esencial que los riñones funcionen correctamente para que este proceso sea efectivo.

Lee más sobre el Método DRI

La eliminación de disruptores endocrinos no puede ni debe tratarse simplemente con suplementos, como has visto. La activación y optimización de todos los sistemas depurativos, es la llave para poder eliminar estos tóxicos, así como conocer dónde se encuentran.



Detoxificación: Comienza por tu intestino

 

La mayoría de enfermedades, patologías, y desequilibrios podemos prevenirlos con nuestro estilo de vida y realizando detoxificación periódica.

Nuestra alimentación, actividad física, descanso, hidratación, hábitos de autocuidado, higiene externa e interna, gestión emocional tienen un impacto directo en que todas las piezas que componen nuestro organismo funcionen correctamente.

Sin embargo, llevamos estilos de vida no naturales ni fisiológicos, y uno de los primeros órganos que se altera es el intestino. Prácticamente cualquier desequilbrio comienza ahí, ya que lo que como puede ser mi alimento, o un "veneno", generando la materia prima que construya mi organismo, o creando deshechos que lo intoxiquen.

Antes de que el desequilibrio se convierta en enfermedad, nuestro cuerpo nos manda cientos de señales: uñas frágiles, heces sueltas o estreñimiento, problemas de piel, cansancio al levantarnos, acidez, gases...  

Si no prestamos atención, y durante muchos meses y años la "cocina" de mi cuerpo no funciona bien, se empiezan a alterar el resto de órganos y sistemas, y es ahí cuando empezamos a tener problemas hormonales, autoinmunes, dolores crónicos, enfermedades degenerativas...

No sólo los problemas intestinales como el SIBO, intestino permeable, enfermedad del chron, colitis... comienzan en el intestino.


¿COMO SE ALTERA LA SALUD INTESTINAL?

- Comiendo demasiado o muchas veces a lo largo del día (estamos forzando 

- Alimentos no fisiológicos (gluten, exceso de productos de origen animal, procesados, refinados, azúcares..)

- Malas combinaciones de alimentos

- Alcohol

- Estrés

- Alteracion en los ciclos circadianos 

Esto genera desde hiperpermeabilidad intestinal (agujeros en el intestino por donde pasan los tóxicos a la sangre), exceso de deshechos metabólicos y de alimento mal digerido, cándidas, parásitos, desequilibrio de la flora bacteriana, putrefacción, moco y toxicidad que se acumula en el espacio intersticial

Por eso el primer órgano que hay que tratar es el intestino

Los alimentos son nuestro combustible y sus nutrientes proporcionan a las células del cuerpo la energía y las sustancias que necesitan para funcionar. Pero, antes de que los alimentos puedan hacer eso, los debemos digerir, descomponiéndolos en trozos pequeños para que nuestros cuerpos los puedan absorber y aprovechar.

La digestión comienza en la boca, y es que una gran parte de enzimas que descomponen los macronutrientes para luego ser absorbidos, están en la saliva que se produce cuando masticamos.

Los alimentos luego pasan al estómago. Un medio muy muy ácido que descompone esas proteínas y grasas para poder luego ser procesadas en el intestino delgado.


En el estómago se comienzan a absorber determinadas vitaminas gracias a los ácidos que se producen cuando comemos.

El intestino delgado es la continuación del estómago. Mide hasta 6 metros de largo, y en él se produce la absorción de la mayor parte de todos los macronutrientes y micronutrientes.

Sus paredes internas están recubiertas por una mucosa. Esta mucosa tiene pequeñas proyecciones que reciben el nombre de vellosidades intestinales, cada una de las cuales contiene a su vez pequeños pliegues que se llaman microvellosidades. Cada vellosidad dispone de vasos sanguíneos y linfáticos mediante los cuales las sustancias absorbidas pasan a la sangre y la linfa y se distribuyen a otras partes del organismo.

El intestino grueso es un tubo algo más ancho que el intestino delgado. Mide alrededor de 1,5 m de largo y conecta con el intestino delgado hasta llegar al ano. En él se extrae sobre todo el agua de los restos de alimento que viene del intestino delgado, y hay un pequeño aprovechamiento de los nutrientes antes de que se produzca su salida final.

Aquí es donde se encuentra el mayor número de bacterias, gran parte de la flora bacteriana que nos libran de tóxicos, protegen de infecciones, permiten que tengamos un tránsito intestinal correcto.

 
LA FLORA BACTERIANA

Las bacterias llegan a nuestro intestino ya desde el momento del parto, pues los microorganismos que forman parte de la flora vaginal de la madre pueden llegar a través del aparato digestivo hasta los intestinos del bebé. Es por eso que la flora bacteriana vaginal de la mujer tiene también tanta diversidad de microorganismos. 

Posteriormente y a través de la lactancia, la alimentación y la exposición al medio exterior, vamos recibiendo todas las comunidades bacterianas que acabarán conformando nuestro microbioma intestinal.



N
o hay dos personas que tengan la misma flora intestinalCada uno de nosotros tiene unas poblaciones bacterianas determinadas en una cantidad y distribución únicas. La microbiota intestinal de cada persona es tan exclusiva como nuestros propios genes.

A lo largo de nuestra vida vamos moldeando las comunidades bacterianas de nuestro intestino. La temperatura corporal, el pH, medicamentos, humedad, alimentos, emociones, incluso el clima exterior, son factores, junto con nuestra genética, que determinan cómo es nuestra flora bacteriana.

El objetivo principal de la flora intestinal es garantizar la salud digestiva, y por lo tanto de todo el resto del cuerpo, de la persona dentro de la que se encuentran. Convivimos en simbiosis con nuestras bacterias. Ellas están interesadas en que su hogar esté en las mejores condiciones posibles y desempeñan funciones que a nosotros nos benefician.

Las últimas investigaciones muestran ya que la mayoría de las enfermedades autoinmunes, procesos alérgicos, problemas digestivos generales, déficit de vitamina D, algunos tipos de cáncer, autismo infantil, asma, celiaquía, síndrome de intestino irritable, obesidad, tienen en común un desequilibrio de la flora bacteriana.

El mibrobioma intestinal ya se ha denominado nuestro segundo cerebro. La mayor parte de la serotonina, hormona de la felicidad, se genera gracias a las bacterias intestinales.

Depresión, y muchos trastornos psiquiátricos, se han comenzado a tratar ya con microorganismos regeneradores intestinales.

El conjunto de nuestra flora bacteriana elimina tóxicos que entran por la vía digestiva, sirve de barrera contra virus y bacterias perjudiciales, crean hormonas importantes para el funcionamiento del resto del organismo, y también generan neurotransmisores.


¿QUÉ FUNCIONES DESEMPEÑA?

  • Función digestiva. Favorecen el movimiento intestinal, facilitando la circulación de nutrientes, ayudando en esa absorción, y evitando que se produzca una putrefacción de esos alimentos.
  • Sin determinadas bacterias, habría problemas para la absorción de minerales tan fundamentales como hierro y calcio. Son esenciales en la absorción de nutrientes
  • Descomponen alimentos en unidades más pequeñas para facilitar su absorción.
  • Son capaces de producir vitaminas como la K2, fundamental para la absorción de vitamina D.
  • Sintetizan ácidos grasos para convertirlos en energía.
  • Nos protegen contra otros patógenos y microorganismos no tan amistosos, que quieren colonizar el intestino. El 70% de nuestro sistema inmune está en la flora bacteriana intestinal.
  • Tienen una relación muy directa también con la salud de nuestra piel.
  • Influyen en la pérdida o ganancia de peso corporal. En casos de sobrepeso se ha descubierto que hay unas determinadas bacterias que han proliferado en exceso, y sus “contrarias” tienen una población menor. 
  • Producen la mayor parte de serotonina, un neurotransmisor que controla las emociones y el estado de ánimo

 

¿POR QUÉ LIMPIAR EL INTESTINO?


Es inevitable que se produzcan desechos metabólicos, de la propia flora bacteriana, restos de alimentos pueden quedar en las paredes intestinales incrustados. Recuerda que el intestino delgado es como una alfombra de pelo largo, y en el grueso hay multitud de rincones y pliegues. 

Los parásitos intestinales también producen deshechos, y cuando son eliminados, restos de ellos quedan también adheridos en los pliegues intestinales y en la mucosa. Incluso la propia regeneración del tejido intestinal puede dejar restos de tejido muerto acumulado en estos rincones.

En el Club Detox aplicamos el Método DRI, en el que una de las principales acciones es un reset y detoxificación completa intestinal, que incluye una limpieza de parásitos y cándidas. Puedes unirte al Club Detox desde este enlace

Si no hacemos una correcta detoxificación periódica de todos los restos que pueden estar acumulados en estos rincones, estamos dejando tóxicos acumulados, están acidificando y además pueden impedir que la vellosidad intestinal haga su función de absorción de nutrientes.

Es el momento de repasar todos estos rincones para tener u lugar confortable para nuestra querida flora bacteriana. Nuestros bichitos necesitan un lugar adecuado a sus condiciones.

Pero antes de limpiar , hay que sellar la mucosa para que las toxinas que se liberen no pase al torrente sanguíneo.

Posteriormente a la limpieza intestinal es necesario repoblar la flora bacteriana de manera equilibrada.

Así habremos completado un tratamiento intestinal profundo y efectivo con el que recuperaremos la fuerza digestiva y así podremos digerir correctamente nuestros alimentos para tener un cuerpo y mente saludables.

Impacto de los parásitos en tu salud: síntomas, causas y soluciones

 


Los parásitos son organismos que viven dentro o sobre un huésped, alimentándose de él y, en muchos casos, causando daños. Aunque se asocian comúnmente con regiones tropicales o condiciones de insalubridad, su incidencia es mucho más común de lo que podrías imaginar, incluso en países desarrollados. Los efectos de los parásitos van más allá de problemas digestivos, afectando la salud integral de quienes los padecen. En este artículo, exploraremos los síntomas, causas y soluciones para tratar los parásitos desde una perspectiva holística, con énfasis en la medicina natural y la detoxificación como clave para restaurar el equilibrio del organismo.

 

 

 

¿Cómo impactan los parásitos en tu salud?

Los parásitos afectan de diversas maneras al cuerpo humano, causando problemas digestivos, fatiga, alteraciones inmunológicas, problemas dermatológicos y cambios emocionales y mentales. Sin embargo, es importante destacar que es realmente difícil evitar por completo la exposición a parásitos debido a factores como la contaminación de alimentos, el agua y el entorno en general. 

No te alarmes, la clave está en saber cómo evitarlos en la medida de lo posible, tener una salud que no promueva que se reproduzcan, y realizar desparasitaciones periódicas.

Aquellas personas con un sistema inmunológico debilitado, desequilibrio del pH intestinal o hábitos de vida poco saludables son más propensas a sufrir sus efectos adversos. Mantener una salud intestinal equilibrada, a través de una dieta adecuada y buenos hábitos, es crucial para minimizar su impacto.

Los parásitos pueden provocar una amplia gama de problemas de salud, ya que afectan diferentes sistemas del cuerpo. Si bien los parásitos intestinales como lombrices o protozoos son los más conocidos, existen otros que también influyen negativamente en el sistema inmunológico, nervioso e incluso en la salud mental.

  

Señales que indican la presencia de parásitos en tu organismo

Es clave saber los síntomas parásitos para actuar rápido. Algunos síntomas comunes son diarrea, dolor abdominal, pérdida de peso y fatiga. Estos pueden cambiar según el tipo de parásito y la gravedad. Una infección parasitaria además va a producir una alteración en el sistema inmune que deriva en una inflamación sistémica. Puedes ver más información sobre la inflamación en este artículo.

Para saber si tienes parásitos, observa los cambios en tu cuerpo. Algunas señales son:

  • Problemas digestivos persistentes: Diarrea crónica, hinchazón, estreñimiento o náuseas frecuentes pueden ser indicativos de infecciones parasitarias.

  • Fatiga inexplicable: Sensación de agotamiento constante, incluso después de descansar adecuadamente, podría deberse a parásitos que consumen nutrientes esenciales.

  • Problemas en la piel: Erupciones, picazón, urticaria o eccema que no responden a tratamientos convencionales pueden ser una señal.

  • Desequilibrios emocionales: Ansiedad, irritabilidad y depresión podrían ser causadas por toxinas liberadas por los parásitos. Además, el sistema nervioso puede alterarse debido a la inflamación sistémica que causan. Algunos parásitos tienen la capacidad de modificar la acción de algunos neurotransmisores, afectando al estado de ánimo y a la voluntad de la persona.

  • Bruxismo o rechinar de dientes: Es común en personas con parásitos y ocurre especialmente durante el sueño.

  • Pérdida de peso inexplicada: Adelgazar sin cambios en la dieta o actividad física puede estar relacionado con infecciones parasitarias.

  • Problemas inmunológicos: Infecciones recurrentes, alergias nuevas o exacerbadas son indicativos de un sistema inmunitario debilitado, posiblemente por parásitos.

  • Adicción por los carbohidratos. Los azúcares son el alimento preferido de los parásitos. Si tienes siempre ganas de dulce, podría haber algún parásito que fuera responsable.
  • Dificultad para dormir. Si tienes insomnio, te despiertas mucho por la noche, piernas inquietas

Si notas estos síntomas, y estos se agudizan en días de luna llena, podrías tener una infección parasitaria. Los parásitos en luna llena están más activos y es el momento en el que ponen sus huevos.



Principales causas de infección por parásitos

  1. Alimentos y agua contaminados: Consumir alimentos mal cocinados, crudos o agua no potable es una de las vías más comunes de infección. Las frutas y verduras mal lavadas también pueden ser portadoras de huevos de parásitos.

  2. Contacto con animales: Los animales de compañía o de granja pueden ser transmisores de parásitos si no se manejan de manera adecuada.

  3. Higiene deficiente: El contacto con superficies contaminadas o la falta de lavado de manos después de ir al baño o manipular alimentos puede facilitar la infección.

  4. Viajes internacionales: Visitar regiones con menor acceso a servicios sanitarios incrementa el riesgo de exposición a parásitos.

 

La detoxificación es la herramienta más efectiva 

Una correcta terapia integrativa aborda los parásitos desde una perspectiva integral, entendiendo que su presencia no solo depende de la exposición externa, sino también del terreno interno donde se alojan. Un mal equillibrio intestinal, un sistema inmunitario debilitado y un hígado sobrecargado, es un entorno ideal para que los parásitos prosperen.

El objetivo no es solo eliminarlos, sino también crear un entorno en el que no puedan sobrevivir. Esto se logra a través de la detoxificación, cambios en los hábitos alimentarios, y el uso de plantas y suplementos naturales.

Cuando hacemos una detoxificación, es importante comprender que no sólo se debe hacer una desparasitación, sino también reestablecer el equilibrio que haga incómodo el entorno para que proliferen los parásitos

Si hacemos una desparasitación sin tener en cuenta un correcto equilibrio del ph en el estómago, o un correcto equilibrio en el sistema nervioso, lo más seguro es que no los eliminemos de manera efectiva. El Método DRI, tiene en cuenta esta visión global de todo el organismo a la hora de detoxificar, aplicando los protocolos en el orden natural. Tienes más información en este enlace.

Te enumeramos varios de los puntos clave a tener en cuenta:

Alimentación anti-parasitarios: Incluye en tu dieta alimentos con propiedades antiparasitarias como el ajo, la cebolla, las semillas de calabaza, el coco y el ajenjo. Estos ayudan a debilitar a los parásitos y facilitan su expulsión.

Hidratación adecuada: Beber agua filtrada, sin contaminantes y en cantidades suficientes es esencial para mantener el sistema linfático activo y apoyar la eliminación de toxinas.

Suplementos naturales: Hierbas como el árbol del neem, el clavo y el aceite esencial de orégano, son conocidos por su capacidad para combatir parásitos. 

Apoyo hepático: El hígado es el órgano principal de detoxificación. Sustancias naturales como el cardo mariano y el desmodium pueden fortalecer su función durante el proceso de eliminación de parásitos.

Control del estrés: El estrés debilita el sistema inmunitario. Prácticas como la meditación, la respiración consciente y el contacto con la naturaleza, mejoran la capacidad del organismo para combatir infecciones.

 

Los parásitos representan un desafío para la salud que a menudo pasa desapercibido. Sus efectos van más allá de lo digestivo, impactando de manera integral el bienestar físico y emocional. Adoptar una visión holística, centrada en la detoxificación y el fortalecimiento del sistema inmunológico, es clave para abordar este problema de manera efectiva. Al integrar hábitos saludables, una dieta adecuada y remedios naturales, no solo podemos eliminar los parásitos, sino también prevenir su aparición y promover una salud óptima.

 Instituto New Detox