05 noviembre 2026

Retención de líquidos: causas y cómo eliminarla

 



La retención de líquidos se corrige con cinco hábitos: reducir la sal, beber más agua, moverte a diario, poner las piernas en alto y aumentar los alimentos ricos en potasio. Si notas los tobillos hinchados al final del día, la marca del calcetín clavada en la piel o los anillos que aprietan más de lo normal, tu cuerpo está acumulando líquido en los tejidos, algo muy frecuente en verano y que en la mayoría de los casos se arregla con cambios sencillos en la rutina.

En esta guía te explicamos por qué aparece, cómo distinguirla de un aumento de grasa, qué hábitos ayudan a drenar y en qué situaciones conviene consultar con un profesional sanitario.

Qué es la retención de líquidos y por qué aparece

La retención de líquidos, que en lenguaje médico se llama edema, es la acumulación de líquido en los tejidos del cuerpo, sobre todo en tobillos, piernas, manos y abdomen. Según MedlinePlus, el servicio de información de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU., el edema aparece cuando los vasos sanguíneos más pequeños dejan escapar líquido hacia los tejidos cercanos y este se acumula en lugar de drenarse con normalidad.

En la mayoría de las personas sanas funciona más como una respuesta del cuerpo a factores cotidianos que como una enfermedad, y entre esos factores están el calor, el exceso de sodio, pasar muchas horas sentada o de pie, los cambios hormonales del ciclo menstrual o una hidratación insuficiente. Aun así, cuando la hinchazón es persistente, asimétrica o va acompañada de otros síntomas, puede ser señal de un problema circulatorio, renal, hepático o cardíaco, y ahí sí conviene descartar causas médicas.

Causas más frecuentes de la retención de líquidos

Calor y verano

Con las temperaturas altas, los vasos sanguíneos se dilatan para ayudar al cuerpo a liberar calor. Esa dilatación facilita que el líquido pase a los tejidos y explica por qué en julio y agosto notas los tobillos y los pies más hinchados que en invierno. Es también la razón de que la retención de líquidos y las piernas cansadas suelan ir juntas en esta época del año.

Exceso de sal y ultraprocesados

El sodio atrae y retiene agua. Cuanto más sodio circula por tu cuerpo, más líquido necesita este para mantener el equilibrio, y ese líquido extra se queda en los tejidos. El salero casi nunca es el problema principal; la sal oculta pesa mucho más, y está en embutidos, pan de molde, quesos curados, salsas preparadas, snacks y platos precocinados, que concentran la mayor parte del sodio que tomamos sin darnos cuenta.

Sedentarismo y muchas horas en la misma postura

El retorno venoso de las piernas depende en gran parte del movimiento, porque cada vez que caminas los músculos de las pantorrillas actúan como una bomba que empuja la sangre y la linfa hacia arriba. Si pasas ocho horas sentada frente al ordenador o de pie sin apenas moverte, esa bomba no trabaja y el líquido se estanca en la parte baja de las piernas.

Cambios hormonales

Muchas mujeres retienen más líquido en los días previos a la menstruación por el efecto de los estrógenos y la progesterona, y también durante el embarazo o en la menopausia. Es una retención cíclica, que aparece y desaparece, y que mejora bastante con los mismos hábitos que veremos más abajo.

Medicamentos y causas médicas

Algunos fármacos, como ciertos antihipertensivos, corticoides o antiinflamatorios, pueden favorecer el edema como efecto secundario. Y en un porcentaje menor de casos, la retención de líquidos es consecuencia de una insuficiencia venosa, un problema renal, hepático o cardíaco. Por eso, ante una hinchazón persistente que no mejora con hábitos, conviene pasar por una revisión médica.

Cómo saber si retienes líquidos: señales claras

Estas señales apuntan a que la hinchazón es por líquido y no por un aumento de grasa:

  • La marca del calcetín o de la goma de la ropa queda clavada en la piel durante un buen rato.
  • Si presionas con el dedo la zona del tobillo o la espinilla unos segundos, queda una pequeña huella hundida que tarda en desaparecer.
  • Los anillos, el reloj o los zapatos aprietan más al final del día que por la mañana.
  • Tu peso oscila uno o dos kilos de un día para otro, algo imposible con grasa corporal, que se gana y se pierde de forma mucho más lenta.
  • La hinchazón empeora con el calor, tras muchas horas sentada o de pie, y mejora al dormir con las piernas ligeramente elevadas.

Cómo eliminar la retención de líquidos: hábitos que funcionan

Reduce la sal sin quedarte sin sabor

La idea no pasa por comer soso, sino por recortar la sal oculta. Prioriza alimentos frescos, cocina en casa siempre que puedas y sustituye parte de la sal por especias, hierbas aromáticas, ajo, limón o vinagre. Solo con reducir embutidos, snacks y precocinados durante una semana, la mayoría de las personas nota menos hinchazón en tobillos y abdomen.

Bebe más agua, aunque parezca contradictorio

Cuando bebes poco, el cuerpo interpreta que hay escasez y activa mecanismos para ahorrar líquido. Una hidratación constante a lo largo del día (en torno a seis u ocho vasos, más si hace calor o haces ejercicio) ayuda a que los riñones filtren y eliminen el exceso de sodio con normalidad. Ten una botella a mano y bebe antes de tener sed.

Muévete todos los días

Caminar a paso ligero 30 minutos, subir escaleras, nadar o pedalear activan la bomba muscular de las pantorrillas y mejoran el drenaje. Si trabajas sentada, levántate cada hora y haz veinte elevaciones de talones; si trabajas de pie, cambia el peso de una pierna a otra y camina siempre que puedas. El movimiento diario es, junto a la reducción de sal, la medida más eficaz contra la retención de líquidos leve.

Piernas en alto y agua fría

Al final del día, túmbate con las piernas apoyadas en la pared o sobre cojines, por encima de la altura del corazón, durante 15 o 20 minutos, y deja que la gravedad haga el trabajo de drenaje. En la ducha, termina con agua fría desde los tobillos hacia las rodillas para favorecer la vasoconstricción. Un cepillado en seco con movimientos ascendentes antes de la ducha también puede ayudar a activar la circulación superficial.

Medias de compresión si pasas muchas horas de pie

Si tu trabajo te obliga a estar de pie o sentada durante horas, o si viajas a menudo en avión, unas medias de compresión ligera o media ejercen una presión decreciente desde el tobillo hacia arriba que ayuda al retorno venoso y reduce la hinchazón al final del día. Elige tu talla midiendo el contorno del tobillo y la pantorrilla, y consulta con tu farmacéutico si tienes dudas sobre el nivel de compresión adecuado.

Potasio y alimentos que ayudan a drenar

El potasio contrarresta el efecto del sodio y facilita la eliminación de líquidos. Está en el plátano, el aguacate, las espinacas, el tomate, la patata cocida y las legumbres. Suma alimentos con alto contenido en agua (sandía, melón, pepino, calabacín) e infusiones como la cola de caballo o el té verde, que tienen un suave efecto diurético. Evita, en cambio, recurrir a diuréticos farmacológicos por tu cuenta, porque sin indicación médica pueden alterar tus electrolitos y resultar contraproducentes.

Estos mismos hábitos, por cierto, son los que ayudan a mejorar el aspecto de la celulitis, ya que la retención de líquidos acentúa la piel de naranja.

Cuándo consultar con un profesional

Pide cita médica si la hinchazón afecta solo a una pierna, aparece de forma repentina, duele, la piel está enrojecida o caliente, o si el edema va acompañado de dificultad para respirar, fatiga inusual u orina espumosa. También si retienes líquidos de forma persistente pese a cuidar la sal, la hidratación y el movimiento, o si tomas medicación y sospechas que puede estar detrás. Esta guía tiene un enfoque informativo y de hábitos, y no sustituye la valoración de un médico, que es quien puede descartar causas circulatorias, renales, hepáticas o cardíacas.

CUIDALIA


Hinchazón abdominal: por qué se hincha la tripa y qué hacer

 




La hinchazón abdominal casi nunca es grasa, sino volumen. Hay gas atrapado en el intestino, tránsito lento y una musculatura abdominal que se relaja hacia fuera mientras el diafragma empuja hacia abajo. Por eso te levantas con el vientre plano y a media tarde no te abrocha el pantalón. No has engordado tres kilos en ocho horas, tienes el abdomen distendido. Entender ese mecanismo es lo que separa a quien vive resignado a la hinchazón de quien consigue reducirla con unos pocos cambios concretos.

Es además un problema muy común, porque la distensión abdominal afecta a entre el 15 y el 30 % de la población general y es el síntoma más referido por quienes tienen trastornos digestivos funcionales, según la documentación para pacientes de la Asociación Española de Gastroenterología. Que sea frecuente no significa que haya que aguantarla sin más.

Qué está pasando realmente cuando se te hincha la tripa

Dentro del tubo digestivo siempre hay gas. Una parte procede del aire que tragas al comer y al beber; la mayor parte la producen las bacterias del intestino grueso al fermentar los restos de comida que no has digerido. En condiciones normales ese gas circula y se elimina sin que lo notes. La hinchazón aparece cuando se acumula más rápido de lo que se evacúa, cuando el intestino se mueve con lentitud o cuando la pared abdominal no acompaña ese volumen extra.

Hay un matiz importante que casi nadie explica, y es que distensión e hinchazón no son lo mismo. La hinchazón es la sensación subjetiva de presión o plenitud. La distensión es el aumento real del perímetro abdominal, el que se ve. Puedes tener una sin la otra. Y en muchos casos de distensión visible no hay más gas del habitual, y lo que falla es la coordinación de los músculos del abdomen y el diafragma, que en lugar de contener el contenido lo proyectan hacia delante. Es un reflejo involuntario, no falta de voluntad.

Las causas más frecuentes de hinchazón abdominal

Fermentación de determinados alimentos

Es la causa número uno. Algunos hidratos de carbono llegan al intestino grueso sin absorberse y allí las bacterias los fermentan y liberan gas. No son alimentos malos: legumbres, cebolla, ajo, col, brócoli, coliflor, manzana, pera, sandía o trigo están entre los más habituales, y casi todos son saludables. El problema no es el alimento en sí, sino la cantidad, la frecuencia y tu tolerancia personal.

Aire que tragas sin darte cuenta

Comer deprisa, hablar mientras masticas, beber con pajita, masticar chicle, fumar o tomar bebidas con gas introducen aire en el estómago. Una parte sale en forma de eructo; el resto sigue camino hacia el intestino. Si comes en diez minutos delante del ordenador, estás tragando bastante más aire del que crees.

Estreñimiento y tránsito lento

Cuando las heces se acumulan, el gas producido por detrás no encuentra salida y la presión aumenta. Es una de las causas más infravaloradas, y mucha gente que se queja de hinchazón crónica en realidad tiene un problema de tránsito. Si vas al baño menos de tres veces por semana o con esfuerzo, ahí tienes una pista clara.

Intolerancias alimentarias

La intolerancia a la lactosa es la más común, y sin suficiente lactasa el azúcar de la leche llega intacto al colon y fermenta. Otras posibilidades son la intolerancia a la fructosa, al sorbitol de los productos «sin azúcar» o la sensibilidad al gluten no celíaca. Pero autodiagnosticarse y eliminar grupos enteros de alimentos por si acaso suele empeorar el cuadro y empobrecer la dieta. Si sospechas una intolerancia, conviene confirmarla.

Estrés y eje intestino-cerebro

El intestino tiene su propia red neuronal y responde al estrés con cambios de motilidad y con mayor sensibilidad al dolor y a la distensión. En periodos de tensión, la misma cantidad de gas se percibe como mucho más molesta. Además, cuando estás estresado comes más rápido, masticas menos y tragas más aire. El círculo se cierra solo.

Cambios hormonales

En los días previos a la menstruación es habitual notar el vientre más hinchado. Intervienen dos factores, ya que la progesterona ralentiza el tránsito intestinal y las fluctuaciones hormonales favorecen la retención de líquidos. Es una hinchazón cíclica, predecible y que remite sola, y conviene diferenciarla de la retención de líquidos generalizada, que tiene sus propias causas y soluciones.

¿Es grasa o es hinchazón? Cómo distinguirlas

Confundir ambas cosas lleva a decisiones equivocadas, como ponerse a dieta cuando el problema es digestivo. Estas señales ayudan a orientarse:

  • Varía a lo largo del día. Si por la mañana tienes el abdomen plano y por la noche abultado, es hinchazón. La grasa no aparece y desaparece en horas.
  • Está tenso, no blando. El abdomen distendido se nota firme, como un balón. El tejido graso se puede pellizcar.
  • Se relaciona con las comidas. Si empeora sistemáticamente después de comer o con alimentos concretos, apunta a digestión.
  • Va acompañado de gases, ruidos o eructos. Señal bastante inequívoca.
  • Mejora al ir al baño. Otra pista clara de origen intestinal.

Cómo desinflamar el vientre: qué funciona de verdad

Alivio en el momento

Cuando ya estás hinchado, lo más eficaz es moverte. Caminar entre diez y veinte minutos después de comer favorece el avance del gas y acelera el vaciado gástrico; es simple y funciona mejor que casi cualquier remedio. Algunas posturas suaves de yoga que implican torsión o llevar las rodillas al pecho ayudan a movilizar el gas atrapado. Un poco de calor local en el abdomen relaja la musculatura y reduce la sensación de presión.

Las infusiones digestivas (menta, jengibre, manzanilla, anís, hinojo) tienen un efecto real pero modesto, porque relajan la musculatura lisa y aportan calor y líquido. No van a resolver una hinchazón crónica, pero para el malestar puntual después de una comida copiosa son una opción cómoda y sin riesgos. Si quieres tenerlas a mano, hay surtidos de infusiones digestivas de jengibre y menta a precio razonable. Evita los preparados con laxantes ocultos y desconfía de cualquier té «detox» que prometa un vientre plano en una semana.

Cambios que reducen la hinchazón a medio plazo

El cambio de fondo está aquí. Estos hábitos no dan resultado el primer día, pero en dos o tres semanas la diferencia suele ser evidente:

  • Come más despacio y mastica más. Veinte minutos por comida como mínimo. Es la medida con mejor relación esfuerzo-resultado de toda la lista.
  • Reparte la comida. Cantidades grandes de golpe distienden el estómago y ralentizan el vaciado. Platos más moderados y con más frecuencia funcionan mejor.
  • Aumenta la fibra poco a poco. Pasar de golpe a mucha fibra dispara la fermentación. Sube de forma gradual a lo largo de varias semanas y acompáñala siempre de agua.
  • Bebe suficiente agua. Sin líquido, la fibra compacta las heces en lugar de ablandarlas. Si te cuesta, aquí tienes hábitos prácticos para hidratarte mejor cada día.
  • Reduce las bebidas carbonatadas y los chicles. Dos fuentes de aire evitables y bastante obvias una vez las identificas.
  • Muévete cada día. El sedentarismo enlentece el tránsito. No hace falta entrenar: caminar a diario ya cambia las cosas.
  • Cuida tu flora intestinal. Una microbiota diversa fermenta de forma más eficiente y produce menos gas problemático. Los alimentos fermentados y la variedad vegetal son la base; puedes profundizar en cómo cuidar la microbiota en el día a día.
  • Gestiona el estrés. Respiración diafragmática, paseos, dormir bien. Actúa directamente sobre la sensibilidad intestinal.

El diario de síntomas: tu mejor herramienta

Durante dos semanas, anota qué comes, a qué hora y cómo te sientes dos o tres horas después. Parece tedioso, pero es la forma más fiable de identificar tus desencadenantes concretos, que casi nunca coinciden con la lista genérica de internet. Con ese registro en la mano, cualquier profesional podrá orientarte mucho mejor. Y si detectas un patrón claro con un alimento, prueba a reducirlo, no a eliminarlo del todo, y observa qué ocurre. Estos ajustes encajan bien con otros pequeños cambios que mejoran la digestión sin complicarte la vida.

Lo que no funciona (aunque te lo vendan)

Hay mucho ruido comercial alrededor de la hinchazón, así que conviene tener claro qué descartar. Las fajas reductoras no hacen nada por el gas, porque comprimen y desplazan el volumen, e incluso pueden dificultar la respiración diafragmática. Los batidos «detox» no eliminan toxinas (de eso ya se encargan el hígado y los riñones) y muchos llevan laxantes que provocan un efecto rebote. Los abdominales no reducen la distensión, porque el problema no es de tono muscular en la mayoría de los casos. Y eliminar el gluten o los lácteos sin diagnóstico solo tiene sentido si hay una intolerancia real; si no, empobrece la dieta a cambio de nada.

Un plan sencillo de siete días

Si quieres algo concreto por dónde empezar, esta secuencia introduce un cambio cada día para que ninguno se te haga cuesta arriba:

  1. Día 1. Come sin pantallas y cronometra: veinte minutos mínimo por comida principal.
  2. Día 2. Fuera bebidas con gas y chicles. Sustituye por agua o infusión.
  3. Día 3. Camina quince minutos después de comer y después de cenar.
  4. Día 4. Empieza el diario de síntomas. Sin juzgar, solo anotar.
  5. Día 5. Revisa la cena: más ligera y al menos dos horas antes de acostarte.
  6. Día 6. Añade cinco minutos de respiración diafragmática antes de una comida.
  7. Día 7. Repasa el diario y localiza patrones. Ajusta lo que veas claro.

Al final de la semana no habrás resuelto nada de forma mágica, pero tendrás dos cosas valiosas: hábitos nuevos ya rodados e información propia sobre qué te sienta mal.

Cuándo conviene consultar con un profesional

La hinchazón abdominal suele ser benigna y responde bien a los ajustes de hábitos. Pero hay situaciones en las que no toca experimentar por tu cuenta, sino acudir al médico o a un profesional de la digestión:

  • Distensión persistente que no varía a lo largo del día ni con los cambios de dieta.
  • Pérdida de peso sin explicación.
  • Sangre en las heces o heces negras.
  • Dolor abdominal intenso o que te despierta por la noche.
  • Vómitos repetidos o dificultad para tragar.
  • Cambio brusco y sostenido del ritmo intestinal, sobre todo a partir de los cincuenta.
  • Fiebre, anemia o antecedentes familiares de enfermedad digestiva.

Nada de esto significa necesariamente algo grave, pero sí que merece una valoración en lugar de un remedio casero. Este artículo es información general y no sustituye el criterio de un profesional sanitario que pueda examinart