La perimenopausia es una etapa de la vida de la mujer que puede empezar varios años antes de la última menstruación. Se caracteriza por diferentes y fluctuantes cambios hormonales, especialmente en los niveles de dos hormonas: los estrógenos y la progesterona. Tras aproximadamente doce meses sin regla, se confirmaría la entrada en la menopausia.

Por supuesto, ninguna de estas dos etapas de la vida se tiene que tratar como si fueran una patología (ya que no lo son), sino como etapas fisiológicas que, para muchas mujeres, vienen acompañadas de ciertos síntomas como sofocos, alteraciones del sueño, cambios de humor, aumento del porcentaje de grasa (sobre todo en la zona abdominal y las caderas), pérdida de masa ósea (y, por tanto, mayor riesgo de osteoporosis), sequedad vaginal y ansiedad, entre otros.

Una de las formas de abordar la perimenopausia y la menopausia dentro de un estilo de vida saludable es mediante la alimentación. Aunque no siempre elimina por completo los síntomas, pero sí que puede modular su intensidad y, sobre todo, reducir ciertos riesgos, como la aparición de osteoporosis, enfermedad cardiovascular y resistencia a la insulina. 

La dieta vegetal es la mejor opción

Uno de los patrones dietéticos con más respaldo científico es el mediterráneo, basado principalmente en alimentos de origen vegetal: abundante consumo de frutas y verduras, legumbres, frutos secos y semillas, cereales integrales y aceite de oliva virgen extra.

Este tipo de patrón alimentario se asocia con menor inflamación, un mejor perfil lipídico y un mayor control del aumento del porcentaje de grasa abdominal característico a lo largo de toda esta etapa vital tan importante.

fitoestrógenos

También se ha observado que, en condiciones generales, los fitoestrógenos son grandes aliados naturales. Son compuestos vegetales con una estructura química muy similar a los estrógenos humanos. No sustituyen a la terapia hormonal cuando es absolutamente necesaria, pero pueden ejercer un efecto modulador leve a lo largo de la perimenopausia y la menopausia. 

La soja y sus derivados, como el tofu, el tempeh, la bebida vegetal a base de soja y algunas legumbres son las fuentes de fitoestrógenos más estudiadas. Su consumo regular se ha asociado con una reducción moderada de la frecuencia e intensidad de los sofocos y otros síntomas.

Proteína de calidad

Otra aliada dentro de este patrón alimentario es el consumo suficiente de proteína de calidad para proteger la masa muscular y el metabolismo.

Huevo pasado por agua

Incluir huevo en el desayuno es una estupenda manera de que sea rico en proteínas de calidad.

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A partir de los 40-50 años aumenta el riesgo de sarcopenia (pérdida de masa muscular), por lo que garantizar el consumo suficiente de proteína a través de legumbres, huevos, lácteos de calidad, tofu y frutos secos,  junto con una buena actividad física, puede ayudar a preservar la masa muscular, mejorar la saciedad y sostener el metabolismo basal.

Lo recomendable sería incluir raciones de alimentos proteicos en el desayuno, la comida y la cena.

Calcio, vitamina D y vitamina K

La disminución de los estrógenos suele acelerar la pérdida de la densidad mineral ósea, por lo que es fundamental la «tríada ósea»: calcio (a través de alimentos como sésamo, almendras, col rizada, etc.); vitamina D (una correcta exposición solar diaria); y vitamina K (en alimentos como las verduras de hoja verde).

Además, es muy conveniente realizar varias sesiones a la semana de ejercicio de fuerza, un complemento imprescindible para fijar el calcio en los huesos.

Fibra

Es vital especialmente en este momento para favorecer la microbiota intestinal, ya que esta participa en el metabolismo de los estrógenos.

Curri de azukis

Frutos secos, legumbres y vegetales son buena fuente de fibra. 

RBA

Además, mejora el tránsito intestinal, que puede enlentecerse un poco en algunas mujeres durante estas etapas, y contribuye a una mayor saciedad, lo que estabiliza la glucosa, ayuda a reducir la fatiga y los cambios en los niveles de energía.

Azúcares, ultraprocesados y alcohol, a raya

El exceso de azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados pueden favorecer la inflamación, los picos de glucosa en sangre y, con el tiempo, un aumento de la grasa visceral. Además, el alcohol intensifica los sofocos y altera todavía más el sueño.

Y sí, hay que ser flexibles porque, como en todo, siempre hay un «depende» y un «contexto», pero reducir estos grupos de alimentos podría traducirse en un mejor descanso y una menor intensidad sintomática.

En definitiva, más que optar por dietas restrictivas poco sostenibles en el tiempo, para no ganar grasa abdominal lo interesante es aprender a comer mejor, disfrutando tanto de los nuevos hábitos alimentarios con más fibra, más proteínas vegetales y más grasas saludables, como de los momentos de flexibilidad. 

La importancia de unos buenos hábitos 

Como en cualquier otro momento vital, la constancia en sostener una alimentación de calidad es clave, pero solo es una pata de la silla que se sostiene con otros pilares del estilo de vida saludable durante esta etapa de la vida. 

Dormir y descansar lo suficiente, practicar ejercicios de fuerza y aeróbicos, reducir el estrés, realizar actividades que te estimulen y te alegren, y mantener los vínculos afectivos y sociales son también factores a tener en cuenta para vivir esta etapa con plenitud.

La menopausia puede convertirse en un momento de autocuidado consciente y redescubrimiento que, si se aborda con información y acompañamiento profesional, puede resultar muy gratificante. 

Conoce como está tu salud

Las analíticas periódicas sobre los niveles de vitamina D, hierro, lípidos y glucosa permiten ajustar la alimentación y el estilo de vida de forma personalizada, puesto que cada mujer necesita cosas diferentes en esta etapa. Así se pueden reducir los riesgos de múltiples trastornos. 

Valores analítica

Los análisis de sangre ofrecen información muy valiosa que permite ajustar las recomendaciones dietéticas y de estilo de vida.

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Menú semanal para tu salud hormonal

Para cuidar tus hormonas, nada como los desayunos ricos en fibra, las comidas con proteínas vegetales y las cenas ligeras llenas de nutrientes.

Lunes:

  • Desayuno: Yogur natural a base de soja (sin azúcar) con semillas de lino molido y frutos rojos.
  • Comida: Dhal de lentejas rojas con verduras y arroz integral.
  • Cena: Tortilla de espinacas y ensalada de tomate y aguacate.

Martes:

  • Desayuno: Tostadas integrales con hummus de garbanzos, pimiento rojo asado y semillas de sésamo.
  • Comida: Tofu salteado con brócoli, setas y patata asada con romero.
  • Cena: Escalivada con queso feta y almendras picadas.

Miércoles:

  • Desayuno: Batido de leche de soja con papaya, semillas de chía, salsa tahini y canela molida.
  • Comida: Berenjenas rellenas de quinoa, soja texturizada y verduras. 
  • Cena: Crema de calabaza, zanahoria y patata con huevo duro y semillas.

Jueves:

  • Desayuno: Gachas de avena con leche de soja (sin azúcar añadido), plátano, canela y nueces.
  • Comida: Verduras asadas (calabaza y boniato) con tempeh y garbanzos.
  • Cena: Revuelto de setas y cebolla con ensalada de cherris y brotes de soja.

Viernes:

  • Desayuno: Yogur natural a base de soja con crema de almendras, copos de maíz y manzana.
  • Comida: Estofado de lentejas con seitán, patata, calabaza, acelgas y zanahoria.
  • Cena: Milanesas de berenjena acompañadas de tortilla a la francesa.

Sábado:

  • Desayuno: Tostadas integrales con queso ricotta, pesto de albahaca y nueces.
  • Comida: Arroz integral con guisantes, alcachofas y coliflor.
  • Cena: Wrap relleno de salteado de pimientos tres colores, cebolla y tofu.

Domingo:

  • Desayuno: Pan de plátano casero acompañado de un puñado de fresas ecológicas.
  • Comida: Garbanzos cocidos y salteados con ajo, cebolla, espinacas y huevo duro.
  • Cena: Ensalada de tomate, canónigos, pepinillos, feta, almendra laminada y quinoa. 

Patricia Ortega, dietista-nutricionista