19 abril 2018

El día que comenzé a quererme

Mujer con un corazón en su mano mirando al mar

El día que comencé a quererme pude ver todas esas cosas que me perdía cuando no me tenía en cuenta. Aspectos que tenía guardados en mi interior y que nunca llegué a imaginar. Me di cuenta de lo valiosa que era y sobre todo que tenía que decírmelo. El día que comencé a quererme pude verme a través del espejo y curiosamente, me gustó lo que este me devolvía. Y a partir de ahí, fui consciente de lo importante que soy para mi.
El día que comencé a quererme me di cuenta de que no necesitaba a nadie y desterré el miedo al abandono y al rechazo. Porque a los demás no los necesito sino que los prefiero a mi lado. Desde entonces aprecio mucho más a toda la gente que me rodea. Ahora tengo claro que ellos no llenan ningún hueco porque si algo me falta no se completa con lo de fuera sino con lo de dentro. Las relaciones no cubren vacíos, simplemente acompañan, regalan afecto y crean momentos.
Mi ritmo de vida cambió el día que comencé a quererme. Pasé de estar de puntillas a toda velocidad a estar presente con los pies en suelo. Ahora disfruto el momento y en lugar de no esperar, vivo la espera haciéndola intensa y mucho más divertida. Justo ese día mi visión del amor también cambió. Ahora sé que amar también es aceptar los fallos y saber rectificar y que quererse a uno mismo de algún modo, implica soportase y darse cuenta de que no somos perfectos. De hecho, me percaté de que el amor propio requiere de un gran trabajo a largo plazo.
El día que comencé a quererme empecé a apostar por mi para no dejarme de lado. Además, ese mismo día comprendí que mis decisiones son las que me han llevado al lugar en el que estoy hoy y me gusta, con mis pros y mis contras, pero me gusta dónde estoy y por supuesto cómo soy.
Comencé a quererme y de repente pude querer y encontré la libertad y la paz dentro de mi.
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Mujer abrazándose

Buscar fuera a veces no es la solución

Quererme es la mejor decisión que he tomado. Gracias a ella sé que solo cuando se hayan acabado las construcciones, los arreglos y las reformas internas, podré salir a buscar materiales fuera. Es fundamental tener todo bien amueblado y sin ningún tabique roto. Mis pensamientos y emociones, todas mis conductas son las que me hacen ser como soy junto a lo que me rodea. Por eso, cuando algo va mal tengo que mirar primero dentro y luego, fuera.
Quizás buscar fuera algo y no encontrarlo es una señal de que estoy buscando en el lugar equivocado. A veces desistir también sirve. Comenzar a quererme me lo ha enseñado. Y no solo eso, sino también que me queda mucho camino por recorrer. Pero no importa porque tengo la mejor motivación: ser la mejor versión de mi misma, es decir, practicar el amor propio todo los días de mi vida.
“Usted mismo, tanto como cualquier otro en el universo entero, merece su amor y afecto”.
-Buda-
Mujer haciendo con sus manos la forma de un corazón

Quererme no es ser egoísta

Quererme no es egoísta, ni narcisista, sino simplemente un aspecto fundamental que me impulsa a darme cuenta de cómo soy realmente y que me ayuda a ser feliz. Porque si me quiero, no necesito ser superior, ni competir; tampoco ser la mejor sino simplemente mejorar y avanzar hacia mis metas.
El día que comencé a quererme lo disfruté y desde entonces, vivo con ganasMe quierosí y lo digo bien alto. No me da miedo, me protejo y me dejo llevar, aprecio lo de fuera todavía más y disfruto estando rodeada y siendo querida, pero no porque me sienta menos y lo necesite, sino porque lo disfruto y experimento con intensidad.
El día que comencé a quererme fue mágico. Solo deseo que te llegué a ti para que empieces a sentir lo magnifico o magnifica que eres; para que descubras todo lo que tienes dentro y que no muestras por miedo y sobre todo, lo que puedes disfrutar de tu propia compañía. Yo ya comencé a quererme, y tú ¿estás preparado?
Corazón dibujado en el cristal de una ventana para representar el amor platónico

12 frases de amor propio para empezar a quererse

Resultado de imagen de amor propio
Querernos es una fabulosa costumbre que en muchas ocasiones queda relegada por priorizar otras menos importantes. Pensemos que el acto de valorarnos, de amarnos, constituye la columna vertebral de nuestro bienestar. El pilar que nos sostiene y nos cobija, que nos protege y que por supuesto, nos impulsa a crecer más y más. De ahí que hoy hagamos una recopilación en forma de 12 frases de amor propio para empezar a quererse.
El amor propio es esa brújula que nos señala el norte, ilumina las zonas oscuras y hace de faro en esas noches cerradas donde el rumbo parece incierto o perdido. Sin él o con él maltratado, somos más vulnerables a cualquier tipo de manipulación, quedando a merced de intereses o deseos ajenos. Porque al despreciarnos, difícilmente contaremos con la fuerza suficiente como para poner límites y, llegado el caso, hacernos respetar. De esta manera terminaremos siendo espectadores y sufridores de un fenómeno muy triste, el de tomar conciencia de cómo poco a poco nos volvemos invisibles.
Ahora bien, nunca es tarde para darnos cuenta de que merecemos, y al mismo tiempo necesitamos, un lugar de honor en nuestra escala de prioridadesSiempre es posible volver la mirada con honestidad al espejo, para reconocernos en el reflejo y volver visible aquello de lo que tantas veces hemos huido. Estas 12 frases de amor propio pueden ayudarnos en este proceso tan duro, pero a la vez tan bonito y fascinante, que es el de querernos a nosotros mismos.

La aceptación como primer eslabón

“El amor propio tiene muy poco que ver con cómo te sientes con tu apariencia. Se trata de aceptar todo de ti mismo”.
-Tyra Banks-
Sin duda, esta es una de las frases de amor propio más importantes si queremos comenzar a querernos. Sin aceptación, no hay espacio para el amor propio, muere ahogado. De nada vale ponerse un disfraz, una máscara para salir al mundo y hacer creer a los demás que somos de otra forma. Llegará un momento en el que nos encontremos con nosotros mismos y nos daremos cuenta de que nos estamos traicionando.
Para querernos tenemos que aceptarnos. Para aceptarnos, es necesario que nos descubramos. Acceder a todas nuestras profundidades y acogerlas con cariño.
Mujer abrazándose a sí misma

El tiempo para uno mismo

“Hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada con el”.
-M. Scott Peck-
Solamente cuando nos valoramos nos damos cuenta de que nuestro tiempo es oro y procuramos cuidar a quién, a qué y cómo lo dedicamos. Incluso, reservamos parte de él para estar a solas con nosotros. Porque cuando nos queremos el tiempo deja de ser una variable sin sentido para convertirse en nuestro gran aliado.

La importancia de ser auténticos

“Uno de los mayores remordimientos en la vida es ser lo que otros querrían que fueras, en lugar de ser tú mismo”.
-Shannon L. Alder-
Esta es una de las frases de amor propio que debemos tener presente cada día. A menudo, nos confundimos entre aquello que los demás esperan de nosotros y lo que realmente queremos. Casi sin pretenderlo desviamos nuestro camino para cumplir las expectativas de los demás, dejando nuestros deseos a un lado. Para prevenirlo es importante hacerse varias preguntas: ¿estoy haciendo lo que verdaderamente quiero o lo que los demás esperan? ¿Actúo para que los demás se sientan bien o para yo sentirme bien?
“Me tomó mucho tiempo aprender a no juzgarme a mí misma a través de los ojos de otro”.
-Sally Field-
Otra de las frases de amor propio relacionada con la influencia de los demás. No somos el reflejo del pensamiento o de las palabras de otros. No podemos vivir a través de sus ojos. De hecho, ellos no nos conocen por completo sino que tienen una imagen de nosotros fruto de la mezcla de lo que les hemos mostrado junto a lo que ellos crean.
Mujer que pone la mano en haz de luz experimentando presentimientos

El valor de premiarse a uno mismo

“Planta tu propio jardín y decora tu propia alma, en lugar de esperar que alguien te traiga flores”.
-Veronica A. Shoffstall-
No hay que esperar a que alguien nos valore, a que alguien nos diga cuanto valemos para creérnoslo. Cada día es una oportunidad para regalarnos unas palabras bonitas y tener un detalle con nosotros mismos. Tratarnos bien tiene que convertirse en nuestra prioridad.

La influencia de las palabras

“La persona más influenciable con la que hablarás todo el día eres tú. Ten cuidado entonces con lo que te dices a ti mismo”.
-Zig Ziglar-
Otra de las frases de amor propio fundamentales para nuestro día a día. El modo que tenemos de hablarnos influye en cómo nos sentimos. No es lo mismo apoyarse y decirse palabras de motivación o de reconocimiento que hacer una autocrítica muy dura por los errores cometidos. Por lo tanto, cuidemos nuestras palabras. Sí, incluso y sobre todo esas que nos decimos a solas y en silencio…

La liberación de los miedos

“Eres tan increíble como te dejas a ti mismo serlo”.
-Elizabeth Alraune-
Nuestros límites son creados por nuestros miedos. Si a estos últimos los comprendemos y afrontamos, seremos más capaces de dar un paso más allá, de atravesar esa línea divisoria entre lo que creemos ser y lo que podemos llegar a ser. De hecho, no hay nada mejor como descubrirse a uno mismo haciendo eso que nunca pensó que realizaría. ¿Cuánto nos estamos limitando en este momento?
Hombre mirando una ola en el mar
“Las personas exitosas tienen miedo, las personas exitosas tienen dudas, las personas exitosas tienen preocupaciones. Simplemente no dejan que esos sentimientos los detengan”.
-T. Harv Eker-
Tener amor propio no está relacionado con no tener preocupaciones, dudas o miedo,sino con continuar a pesar de todo ello. Querernos nos protege, pero no nos aísla en una burbuja. Nos da seguridad y fortaleza, el impulso para luchar por lo que queremos a pesar de las tormentas.

El poder de nuestras decisiones

“En realidad son nuestras decisiones las que determinan lo que podemos llegar a ser, mucho más que nuestras propias habilidades”.
-J. K. Rowling-
Podemos ser muy habilidosos en un determinado ámbito, pero si no nos valoramos no podremos sacar todo el potencial que llevamos dentro. Ahora bien, si nos valoramos, si nos alimentamos del amor propio, tendremos la capacidad suficiente para recorrer el camino que deseemos.
Querernos nos aporta el valor suficiente para exprimirnos y luchar por nuestros sueños,gracias a nuestras decisiones.

El amor propio es un estado interior

“El verdadero amor propio no tiene por qué divulgarse o mostrarse en público. Es un estado interior, una fuerza, una felicidad: la seguridad”.
-Brian Weiss-
Esta es una de las frases de amor propio que más sabiduría contiene. El cariño no solo acaricia con las palabras. No es necesario alardear de que uno se valora a sí mismo. El amor propio es algo mucho más profundo, como dice el psiquiatra Brian Weisses un estado, una fuerza que surge desde nuestro interior. 
Corazón de papel en la mano representando el amor
Por último, os dejamos unas bonitas palabras de Nelson Mandela que tienen mucho que ver con este complejo, pero maravilloso, proceso: el de quererse a uno mismo.
“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite. Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo. El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros. No solamente algunos de nosotros: está dentro de todos y cada uno. Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás”.


El cerebro empático: el poder de la conexión humana


pareja mirándose simbolizando el cerebro empático
El cerebro empático configura en el ser humano un despertar hacia las emociones y necesidades ajenas. Es el resultado evolutivo de nuestra socialización, un vínculo orientado a conectar entre nosotros para convivir con mayor armonía, resolver conflictos y garantizar nuestra supervivencia. La empatía es (o debería ser) esa competencia con la que garantizar nuestro bienestar.
Decimos “debería” por una razón muy concreta. La mayoría sabemos que la empatía no siempre garantiza la acción humanitaria. Las personas somos capaces de intuir y leer las emociones de quienes tenemos delante y eso, sin duda, es maravilloso. Percibimos a quién sufre, notamos el miedo, leemos la angustia en otros rostros… Sin embargo, tras ponernos en los zapatos de los demás no siempre damos el paso hacia una conducta prosocial, no siempre facilitamos ayuda.
Así, tal y como nos explican neurólogos tan conocidos como Christian Keysers, del Instituto de neurología de los Países Bajos, aún sabemos muy poco sobre eso que se ha etiquetado como cerebro empático. El descubrimiento de las células espejo a finales de los años 90 por parte de Giacomo Rizzolatti nos hizo creer por un momento que el ser humano había llegado a ese eslabón evolutivo que muchos quisieron bautizar como homo empathicus.
Sin embargo, nuestro comportamiento sigue siendo bastante individualista. La empatía nos induce a conectar entre nosotros, a sentir como propias las emociones ajenas. Nos ofrece un poder extraordinario, lo sabemos… y a pesar de ello, no lo utilizamos con total efectividad. Tal y como nos recuerdan algunos científicos, nos falta un compromiso auténtico con la empatía, porque no basta solo con sentirla, hay que instrumentalizarla.Veámoslo a continuación.
figura con mariposas simbolizando el cerebro empático

El cerebro empático y su finalidad

Ya lo dijo Ortega y Gasset: sin el otro, sin esa otra persona que no soy yo, el ser humano no podría entenderse, como tampoco entenderíamos el concepto de sociedad. El hombre, decía, aparece en la sociabilidad como el Otro, alternando con el Uno y, a su vez, con el reciprocante. Esto que por sí mismo parece un juego de palabras configura una realidad que va más allá de lo filosófico, para llegar sin duda a lo psicológico y lo neurológico.
Las neuronas espejo, tal y como nos revela el doctor Keysers, antes citado, fueron las que conformaron nuestra idea de civilización. Y lo hicieron al tomar consciencia del otro, a ese a quien observo, a ese a quien imito y a su vez en quien me veo reflejado. El cerebro empático nos permite no solo entender el punto de vista de quien está frente a nosotros. Nos ayuda también anticipar intenciones o necesidades porque, de algún modo, nos vemos reflejados en los demás, porque para nuestro cerebro, “los otros” son también extensiones de nosotros mismos.
Si nos preguntamos ahora cuál es la finalidad real de la empatía cabe decir que no existe una única respuesta. Sabemos que ninguna capacidad nos conecta tanto los unos con los otros de forma tan fabulosa. Sin embargo, neurólogos de la conducta tan conocidos Vilayanur Ramachandran nos señalan que el fin del cerebro empático no siempre es generar el bien ajeno, no siempre buscamos ayudar o propiciar una acción humanitaria.
Porque empatía no es sinónimo de simpatía, y menudo, como es propio en todo escenario social, tenemos otro tipo de intereses…
Manos simbolizando el cerebro empático
El hecho de poder introducirnos en perspectivas ajenas, de ver el mundo con los ojos de otras personas, es a su vez un arma de poder. Nos permite construir modelos mentales muy complejos con los cuales saber, por ejemplo, si ese individuo que tengo ante mí tiene malas intenciones. Aún más, podemos incluso anticipar reacciones o utilizar debilidades a nuestro favor para manipular personas, para darles vuelo a sus emociones en beneficio propio.

Pongamos la empatía a nuestro favor para avanzar como especie

El doctor Ramachandran nos recuerda que las neuronas espejo supusieron un salto genético fabuloso en nuestra especie. Así, y a pesar de que también muchos animales tienen capacidades empáticas, en nosotros estas células especializadas supusieron un avance sensacional y propiciaron la aparición de la cultura, la sociedad y la civilización.
Nuestra conciencia se amplió, nuestro pensamiento se volvió más abstracto y la forma de relacionarnos se tornó más sofisticada. A instantes cruel y violenta, lo sabemos, pero también más humana, orientada a favorecer un mayor bienestar, un orden, un equilibrio. El cerebro empático es pues la esencia de nuestras relaciones sociales y también de nuestro aprendizaje, ese que poco a poco nos permitirá avanzar en la dirección adecuada.
figuras cogidas de la mano simbolizando el cerebro empático
Ahora bien, tal y como hemos señalado, la empatía no siempre va seguida de un acto prosocial. Cada persona muestra diferentes niveles de empatía, las neuronas espejo no funcionan de igual modo en todos los seres humanos y ello afecta a la interacción social, a nuestra capacidad para resolver problemas, a nuestra convivencia… Hay científicos que apuntan al hecho de que las neuronas espejo tiene un componente evolutivo y que por tanto, su poder puede ir avanzando generación tras generación…
Quién sabe si llegaremos a ese día en que ese poder de conexión nos facilite por fin una realidad con mayor armonía, equilibrio y respeto entre todos nosotros.