18 marzo 2025

Describen por primera vez las neuronas que te ordenan dejar de comer: "Se podrá usar para tratar la obesidad"

 


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Ya existen investigaciones que describen algunos circuitos del cerebro que desempeñan un papel importante en el control de la ingesta de los alimentos. Sin embargo, hasta ahora no habían encontrado a las neuronas que dan la orden de dejar de comer.

 

Científicos de la Universidad de Columbia han localizado en ratones un nuevo elemento de estos circuitos en el tronco encefálico, la parte más antigua del cerebro de los vertebrados. Su descubrimiento, publicado este miércoles en la revista Cell, podría conducir a nuevos tratamientos contra la obesidad.

 

El hambre y la saciedad son funciones evolutivamente conservadas que garantizan la supervivencia. Estos dos estados opuestos permiten a los animales mantener reservas de energía adecuadas, equilibrando estrictamente la ingesta de alimentos con los requerimientos energéticos.

 

Según arroja la investigación, para iniciar y, en última instancia, detener la alimentación, el cerebro debe registrar una necesidad fisiológica, actual o anticipada, y convertir esa necesidad en acción. Este proceso requiere el procesamiento de señales internas (interocepción) y externas (exterocepción), la integración de estas señales y la transmisión de instrucciones para llevar a cabo las complejas "secuencias apetitivas necesarias para obtener alimento".

Tal y como explican los autores, el hambre está "codificada evolutivamente" para asegurar que un animal tenga suficiente energía para sobrevivir y reproducirse. "Es igual de importante saber cuando comenzar a comer que saber el momento adecuado para dejar de hacerlo", manifiestan.

 

"Solo en este punto puede comenzar la alimentación. Durante todo este tiempo, el animal debe calcular lo que derivará de una comida y planificar cuándo dejar de comer. Este proceso recibe el nombre de saciedad", razona el escrito.

 

"Las células que hemos descubierto son especiales porque parecen integrar todos estos datos y mucho más"

 

"Estas neuronas son diferentes a cualquier otra involucrada en la regulación de la saciedad", añade Alexander Nectow, médico científico del Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia, y uno de los principales autores de la publicación.

 

También destaca Nectow que otras neuronas del cerebro suelen "estar limitadas" a detectar la comida, la manera en la que llega al intestino o qué nutrientes se obtienen de ella: "Las neuronas que hemos descubierto son especiales porque parecen integrar todos estos datos y mucho más".

Células del tronco encefálico

Aunque se cree que los circuitos del hambre y la saciedad se originan en el hipotálamo, estudios clásicos con ratas descerebradas han localizado la regulación de la saciedad en el tronco encefálico. Estas investigaciones demostraron que el tronco encefálico, independiente del prosencéfalo, es suficiente para detectar cargas gástricas y sus "señales de saciedad" asociadas, respondiendo adecuadamente reduciendo la ingesta de alimentos. Sin embargo, el mecanismo específico por el cual el tronco encefálico termina apropiadamente una comida en curso ha sido una pregunta "sin resolver" durante mucho tiempo.

 

De hecho, cuando los autores detectaron células que no habían sido reconocidas anteriormente y que tenían características similares a otras implicadas en la regulación del apetito, se sorprendieron. "Vaya, esto es interesante", pensaron.

 

"Estas neuronas no solo indican una parada inmediata, sino que ayudan a los ratones a disminuir gradualmente su ingesta de alimentos"

 

Para ver cómo las neuronas influían en la alimentación, los investigadores utilizaron una luz para activarlas y desactivarlas. De esta forma, observaron que cuando las neuronas se activaron con la luz, los ratones comieron porciones mucho más pequeñas. Es decir, la intensidad de la activación determinó la rapidez con la que los animales dejaron de comer. "Curiosamente, estas neuronas no solo indican una parada inmediata, sino que ayudan a los ratones a disminuir gradualmente su ingesta de alimentos", afirma Srikanta Chowdhury, otro de los autores principales del documento.

Obesidad

Nectow y Chowdhury también analizaron cómo otros circuitos alimentarios y hormonas afectaban a las neuronas. Los investigadores descubrieron que las neuronas eran silenciadas por una hormona que aumenta el apetito y activadas por un agonista del GLP-1, como los mundialmente conocidos Ozempic, Wegovy o Saxenda.

 

"Básicamente, estas neuronas pueden oler la comida, verla, sentirla en la boca y en el intestino e interpretar todas las hormonas intestinales que se liberan en respuesta a la ingesta. Aprovechan toda esta información para decidir cuándo es suficiente", continúa Nectow.

 

"Creemos que es un nuevo e importante punto de partida para comprender qué significa sentirse lleno, cómo se produce y cómo se aprovecha para terminar una comida. Esperamos que pueda utilizarse en terapias contra la obesidad en el futuro", concluyen los autores.

¿Atún al natural o en aceite? La endocrina Isabel Viña revela qué lata contiene menos mercurio




El atún en lata es un alimento básico en muchas cocinas, ya que es una fuente accesible de proteínas y ácidos grasos omega 3. Su practicidad y durabilidad lo han convertido en un imprescindible en despensas de todo el mundo. Sin embargo, su consumo ha sido objeto de debate debido a la presencia de mercurio, un metal pesado que puede acumularse en el organismo si se ingiere en exceso, generando posibles riesgos para la salud.

 

El mercurio está presente en mayor cantidad en pescados azules de gran tamaño, como el atún rojo, el pez espada o el cazón, debido a su posición en la cadena alimentaria y al proceso de bioacumulación. Esto significa que los peces depredadores absorben el mercurio al alimentarse de peces más pequeños, acumulándolo en sus tejidos a lo largo del tiempo. Esta acumulación es más pronunciada en especies con una vida más larga, lo que aumenta su concentración en comparación con otras variedades de menor tamaño.

Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, el mercurio llega a los mares y ríos a través de procesos naturales y actividades humanas, como la industria y la contaminación. En los pescados, este metal suele encontrarse en forma de metilmercurio, una sustancia que puede atravesar la placenta y estar presente en la leche materna. Debido a esto, los expertos recomiendan limitar su consumo en mujeres embarazadas, aquellas en periodo de lactancia y en niños pequeños, ya que el mercurio puede afectar el desarrollo del sistema nervioso central en las primeras etapas de la vida.

La lata de atún con menos mercurio

Dentro de las opciones de atún en conserva, la endocrinóloga Isabel Viña ha explicado cuál es la mejor alternativa para reducir la ingesta de mercurio. "Si lo que buscamos es minimizar nuestra ingestión de mercurio, lo ideal va a ser atún en lata al natural", afirma. La razón principal es que "en cualquier medio graso, como el aceite de oliva virgen extra, aceite de girasol o escabeche, se favorece la acumulación de mercurio, haciendo que te tomes más mercurio por lata".


Según la experta, la diferencia de contenido en mercurio entre ambas opciones es significativa: "Se estima que el atún en aceite de cualquier tipo o de escabeche tiene entre ocho y diez microgramos más de mercurio que el atún en lata natural". Por ello, su recomendación es optar por la versión al natural y, en caso de comprarlo en aceite, desechar el líquido antes de consumir el producto y sustituirlo por aceite de oliva virgen extra añadido posteriormente.

¿Qué dice la ciencia sobre los zumos depurativos?

 





Los zumos depurativos han ganado popularidad una y otra vez, y sus seguidores más fieles afirman que ayudan a la digestión, que limpian o “desintoxican” el cuerpo y que promueven la pérdida de peso. Pero, ¿qué dice la ciencia ante esta afirmación? ¿Está de acuerdo? Lo cierto es que no: una nueva investigación sugiere que podrían hacer más daño que bien a nuestro organismo.

 

Una dieta depurativa a base de zumos es un tipo de dieta en la que las personas consumen exclusivamente zumos de frutas y verduras frescas durante un período específico, que generalmente varía de uno a siete días. En todo este tiempo, se evitan al 100% los alimentos sólidos y únicamente se hace uso de los zumos para satisfacer las necesidades calóricas y nutricionales de todos los días que dure la dieta depurativa. El objetivo es que el sistema digestivo 'descanse' y se nutra con muchas vitaminas, minerales y antioxidantes para, en teoría, eliminar toxinas, aclarar la piel, aumentar la energía y perder peso.

 

Un reciente estudio de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) sugiere todo lo contrario a esta creencia popular. De hecho, nuestro cuerpo ya posee un sistema de desintoxicación increíblemente eficiente: los riñones y el hígado. Ambos órganos trabajan cada día filtrando incansablemente tanto toxinas como desechos de la sangre, que luego excretamos a través de la orina, las heces y hasta el sudor.

 

Para u investigación, los expertos estudiaron a 14 personas asignadas a tres grupos con tres dietas diferentes durante tres días: una dieta a base de zumos 'detox', una dieta mixta de zumos y alimentos y, por último una dieta vegana. Para determinar los efectos exactos de cada una de las dietas en el cuerpo, los científicos tomaron muestras de heces, saliva y parte interna de las mejillas antes y después de las dietas, así como 14 días después de finalizar el estudio.

placeholderComprender las consecuencias a largo plazo de los zumos depurativos es esencial para crear pautas dietéticas que realmente favorezcan la salud (Pexels).
Comprender las consecuencias a largo plazo de los zumos depurativos es esencial para crear pautas dietéticas que realmente favorezcan la salud (Pexels).

El estudio tenía como objetivo determinar si una dieta basada únicamente en jugos realmente favorece la salud o si altera el delicado equilibrio de bacterias en el intestino y la boca. Lo que encontraron tras el análisis fue que aquellos que siguieron la dieta exclusiva de zumos depurativos tuvieron un aumento de bacterias inflamatorias, que los investigadores relacionaron con una alta ingesta de azúcar y falta de fibra. El estudio también encontró mayores niveles de bacterias asociadas con problemas de permeabilidad intestinal, inflamación e incluso deterioro cognitivo. El grupo que consumió zumos pero también alimentos tuvo algunos cambios bacterianos, pero menos severos que el grupo que solo consumió los líquidos.

 

Es decir, no solo no es beneficioso sino que hay consecuencias negativas para el organismo. Los investigadores descubrieron que incluso una dieta a corto plazo basada únicamente en este tipo de zumos puede provocar cambios en las bacterias intestinales y bucales. “Estos resultados sugieren que incluso el consumo de zumos a corto plazo podría desequilibrar el microbioma intestinal”, dicen los investigadores en su trabajo publicado en la revista Nutrients.

 

Por otro lado, los participantes que se encontraban en el grupo de dieta de alimentos integrales de origen vegetal, vio cambios microbianos más beneficiosos. La investigación demostró que, aunque las bacterias intestinales permanecieron relativamente estables, el microbioma oral reaccionó rápidamente a la dieta compuesta exclusivamente por jugos. Los expertos detectaron una reducción en las bacterias beneficiosas 'Firmicute's y un incremento de 'Proteobacteria', un grupo vinculado con procesos inflamatorios.

 

De todas formas, la muestra del estudio fue bastante pequeña, por lo que serán necesarios más experimentos para comprender cómo las diferentes dietas afectan al microbioma, especialmente en los niños, ya que hay muchos padres que sustituyen las frutas enteras por zumos creyendo que los beneficios son los mismos.