08 junio 2023

Nervio vago y alimentación: ¿cómo se relacionan?

 


Nervio vago y alimentación: ¿cómo se relacionan?

Nervio vago y alimentación evidencian una relación directa y decisiva para nuestra salud y bienestar. Por un lado, sabemos que el primero es quien le avisa al cerebro de que “pare de comer” porque ya estamos saciados. Asimismo, es importante saber que este nervio neumogástrico también regula nuestro estado de ánimo y tienen un impacto en la salud mental.

Si pensamos en cómo se relacionan las emociones con las conductas alimentarias entenderemos también la trascendencia del nervio vago en esta regla de tres. Sabemos, por ejemplo, que factores como el estrés alteran el equilibrio de esta estructura y que con ello hasta la microbiota intestinal queda alterada. Su buen funcionamiento revierte tanto en nuestra salud física como psicológica de un modo casi asombroso.

El nervio vago actúa como un centro de mando del apetito y regula también nuestro estado del ánimo. Así, una mejor conexión entre este nervio y los intestinos favorece la producción del GABA, el neurotransmisor de la calma y el bienestar.

imagen representando el vínculo entre Nervio vago y alimentación

Nervio vago y alimentación, una conexión muy importante

Fue en 1921 cuando Otto Loewi, fisiólogo alemán y ganador del Premio Nobel descubrió que al estimular el nervio vago se regulaba la frecuencia cardíaca y se liberaba un líquido muy especial: “ Vagusstoff”,  lo llamó (en alemán ‘sustancia vaga’). Esa “sustancia vaga” en concreto, era uno de los neurotransmisores más importantes de nuestro organismo: la acetilcolina, clave para el impulso nervioso.

Desde entonces y hasta hora, sabemos mucho más sobre esta estructura. Corresponde al par craneal X, es un nervio que nace del bulbo raquídeo e inerva la faringe, la laringe, la tráquea, el esófago, los bronquios, el corazón, el estómago, el páncreas, el hígado, los intestinos… Es decisivo porque es el nervio parasimpático principal del organismo y las funciones que realiza son múltiples.

Ahora, los científicos del Instituto Max Planck de Alemania han publicado un estudio hace poco para relevarnos algo llamativo. Nervio vago y alimentación tienen una relación directa y decisiva. Es el centro de control entre el cerebro y el intestino.

Tenemos células nerviosas vagas especializadas para regular el apetito

El nervio vago dispone de unas células especializadas en mantener una comunicación constante entre el cerebro y el intestino. Es como una vía de dos sentidos: una que recibe información y otra que la envía. Lo que han descubierto los científicos, dirigidos por el autor principal, el doctor Henning Fenselauh es lo siguiente:

  • Disponemos de un tipo de células que detectan el estiramiento del estómago, momento en que esta señal se procesa como que ya estamos saciados. Es entonces cuando se le informa al cerebro para que este disminuya los niveles de azúcar en sangre.
  • Por otro lado, existen también otras células del nervio vago alojadas en el intestino. Estas lo que hacen es reaccionar según el tipo de alimentos que hayamos ingerido y las señales químicas que estos emitan. Es decir, se ha visto que cuando se ingieren alimentos muy ricos en nutrientes, se demora un poco más la sensación de saciedad.

Emociones, nervio vago y alimentación

El nervio vago es el componente más importante del sistema nervioso parasimpático. Lo es porque está compuesto por un 80 % de fibras aferentes y un 20 % de fibras eferentes. Así, figuras como el profesor Wolfgang Langhans del ETH Zurich nos hablan sobre cómo esta estructura, además de estar conectara con todas nuestras vísceras, se relaciona también con nuestras emociones.

Estados como el estrés o la ansiedad alteran su correcto funcionamiento y esto, tiene un impacto sobre la alimentación y la microbiota del intestino. Trabajos de investigación como los de la Universidad de Grenoble nos hablan sobre cómo el estrés altera el equilibrio del tracto gastrointestinal y la microbiota, hasta cursar con trastornos gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable.

Las épocas de ansiedad alteran la forma en que nos relacionamos con la comida: los atracones, el necesitar comer más dulce o los antojos constantes terminan también alterando nuestra microbiota intestinal. Cualquier cambio en esta área revierte a su vez en nuestra salud y estado de ánimo.

Mujer comiendo ensalada representando el vínculo entre Nervio vago y alimentación

Nervio vago y salud mental

Lo cierto es que no ha sido hasta hace unos años en que se ha puesto el énfasis entre la microbiota intestinal, el nervio vago y la alimentación. Sabemos, por ejemplo, que este nervio neumogástrico, es clave en la producción de neurotransmisores como la norepinefrina y la acetilcolina.

Estos neuroquímicos son esenciales para la reducción de la inflamación y al fortalecimiento de las defensas frente al estrés. De este modo, factores como la mala alimentación o determinadas enfermedades, pueden dar paso a lo que se conoce como tono vagal bajo. Es una condición en la que este nervio deja de trabajar al mismo nivel y aparecen condiciones como migrañas, alteraciones digestivas, hipertensión y también problemas de salud mental, como las depresiones.

¿Qué podemos hacer al respecto?

En realidad, podemos llevar a cabo muchas acciones para favorecer esa correcta armonía entre la microbiota, el nervio vago y alimentación. La primera es elegir mejor qué alimentos consumir y cómo. Por ejemplo, los probióticos son siempre una buena opción.

Asimismo, controlar el hambre emocional, motivada por la ansiedad, el malestar, los problemas de autoestima, la autoexigencia, etc., es decisivo. Por otro lado, es importante que aprendamos a manejar el estrés crónico, a favorecer una correcta higiene del sueño y a mantener, a su vez, una vida activa en la que no falte el ejercicio aeróbico.

Para concluir, el nervio vago y su íntima conexión con el cerebro y el intestino configuran ese eje que regula buena parte de nuestro bienestar físico y mental. Cuidar de ellos es atendernos como merecemos para obtener una buena calidad de vida.

Dieta y Nutrición

Hay que vivir el momento: el TRUCO de la CAMPANA para disfrutar del ahora.






Anna Sólyom




Cuanta más presencia adquiere el ahora, menos peso tienen el pasado y el futuro. Al llevar la atención al cuerpo interiorizamos dónde estamos ahora.


En 1997, el maestro espiritual Eckhart Tolle publicaba su ya clásico El poder del ahora, una invitación a indagar dentro de nosotros mismos desde el momento presente, más allá del ego y del pensamiento. En esta obra, el maestro de origen alemán insiste en que el único tiempo que hay es el momento presente. Entonces, hay que vivir el momento.  ¿Pero qué hay en el momento presente?

VIVIR EL MOMENTO: QUÉ SIGNIFICA

Cada persona tiene su experiencia, pero lo que seguro que no existe aquí y ahora son el futuro y el pasado.

Aun así, por supervivencia, nuestro cerebro funciona apoyándose en la memoria.

La mente está acostumbrada a predecir el futuro cercano y así estar preparada para lo que pueda pasar. En el cuerpo se traduce en lo que llamamos reflejos, que utilizamos en las artes marciales, al conducir o en cualquier deporte.

Cuando nos anclamos en el pasado, prolongamos el dolor de experiencias que no podemos cambiar, o bien nos proyectamos con ansiedad en el futuro, que es un nido de preocupaciones, muchas veces imaginarias.

La guerra mental también puede librarse en el presente, cuando rechazamos una situación, la postura o forma de ser de un familiar o amigo, cuando luchamos contra ello en vez de "amar lo que es", como dice Byron Katie.

Michael Brown, autor de El proceso de la presencia, define la consciencia de estar en el momento presente como "un estado de ser, opuesto a algo que hacemos".

Cuando nos encontramos en estado de flow, definido por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi como un momento de acción en que perdemos el ego y la temporalidad y fluimos absorbidos en lo que estamos realizando, podemos llegar a ser (vivir, existir) cien por cien en el ahora.

Por lo tanto, existen dos puertas al momento presente: una es dejar de hacer para pasar a ser; la otra es fluir con lo que hacemos.

EL TRUCO DE LA CAMPANA PARA VIVIR EL MOMENTO

El cuerpo existe solo en el momento presente.

Los maestros de mindfulness nos invitan a anclarnos en el aquí y ahora a través de los cinco sentidos, por medio de las sensaciones corporales.

Esta meditación guiada en 10 minutos te servirá para conectar con el presente en cualquier momento del día:

Aunque podamos visualizar el futuro, o viajar al pasado para desentrañar las claves de nuestra vida actual, cuanto más nos encarnemos en el cuerpo, más presentes y felices seremos.

Al estar presentes, abrimos un espacio para tomar consciencia de nuestras acciones. También alcanzamos un estado neutral como observadores.

Ese es el camino más corto para encontrarte a ti mismo. Deja de haber diferencia entre lo que eres, lo que sientes, lo que piensas, comunicas y haces.

La observación benevolente invita también a dejar de luchar contra lo que es y dejar de reaccionar en piloto automático.

Tal como concluye el orientalista y filósofo Alan Watts: "Este sentimiento de presente eterno [...] es el secreto de un ritmo de vida adecuado. Vivir sin prisas. Sin perder tampoco el tiempo. Es la sensación de fluir con el curso de los acontecimientos de la misma manera que bailas con la música, sin tratar de correr hacia delante, ni quedar atrás. Apresurarse y retrasarse son formas parecidas de intentar resistirse al presente".

Bailar, visitar la naturaleza, hacer pausas o meditar te ayuda a cultivar la presencia.

En el Plum Village y en los centros de retiro de Thich Nhat Hanh existe una bella práctica para cultivar esa presencia: de vez en cuando suena una campana que invita a toda la comunidad a dejar lo que están haciendo en ese momento y practicar respiraciones con atención plena.

VIVIR EL MOMENTO: EL TRUCO DE LA CAMPANA EN UN MINUTO

Estar siempre ocupado, la rumiación mental, vivir con prisas, la sobreestimulación... Los enemigos del momento te impiden estar presente. De ahí la importancia de darse una pausa.

Esta práctica se basa el ejercicio que te propongo. Dejar de resistirnos y estar presentes son dos claves para amar lo que es.

Como los monjes del Plum Village:

  • Usa tu reloj o tu móvil para programar 4-5 alarmas a lo largo del día, en momentos distintos de la jornada. Puedes elegir, por ejemplo, el sonido de una campana.
  • Las alarmas te servirán como la llamada a parar de Thich Nhat Hanh. Te recordarán que hagas un alto para respirar unas 5-6 veces y reconectar contigo mismo.
  • Para, observa y luego anota tus sensaciones. No importa dónde estés o lo que estés haciendo, observa cómo te sientes tras esta práctica y, si te vienen inspiraciones, anótalas. Verás cómo en unas semanas todo cambia.