22 abril 2021

Hablaba con mi abuela.

 




Hablaba con mi abuela ayer, hablaba de ese él que me había traicionado, herida. Y ella me dijo:

' ' Sabes, en mi época cuando un hombre se enamoraba de una mujer la amaba y siempre la respetaba. Un día estuve en el mercado, abuelo y yo nos acabábamos de conocer y nos fuimos a pasear sosteniendo la mano. En cada puesto algo me maravillaba, pulseras, aretes, colores, todo estaba hermoso pero en aquellos tiempos faltaba dinero y no podía pagar nada.
Cuando me acompañó a casa me saludó con un beso, con la promesa de que me llamaría una vez a casa.
Y lo hizo, siempre lo hacía, todavía lo hace ahora y han pasado 50 años. A la mañana siguiente cerca de mi cama encontré un sobre pequeño, en su interior había un par de aretes hermosos, de los que me hubiera gustado comprar pero no me podía permitir.
Brillaban eran lo más hermoso que yo había recibido, así que leí la tarjeta que decía ' ' Estos aretes no son señal de mi amor, sino la sonrisa que tendrás tú cuando los uses, sí, esa será la señal de mi amor. Probablemente ahora algo así se consideraría demasiado dulce por parte de un hombre, cuando no saben que para hacer feliz a una mujer basta poco, basta con amarla todos los días, sin olvidarse de llamarla, sin traicionarla, sin mentirle, sin dejarla sola. Sé que tal vez te parece imposible que todavía exista un hombre así ahora pero estoy casi segura que en algún lugar todavía está y no dejes de buscarlo, nunca dejes de dejar de buscarlo. Porque el amor nunca es lágrimas, tristeza, miedo, inseguridad, soledad, nunca. El amor es amor, y si lo hay nunca deja de brillar. No te conformes con el no amor, ten ánimo y busca el verdadero. Lo que ya nadie se atreve a intentar. ′′

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