18 mayo 2023

El aminoácido de la dieta omnívora que puede favorecer la depresión junto a una microbiota alterada



Un estudio relaciona con la depresión la interacción entre la microbiota intestinal y la prolina, un aminoácido no esencial. El descubrimiento abre el camino a nuevas formas de tratamiento.

Cada vez existen más evidencias sobre la relación entre el estado de la microbiota intestinal, la composición de la dieta y el riesgo de sufrir enfermedades mentales como la depresión. El estudio del eje microbiota-intestino-cerebro puede ofrecer nuevas vías de tratamiento para un problema de salud mental cuyo tratamiento actual es poco eficaz.

Un estudio, realizado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, y del Instituto de Investigación Biomédica de Girona (IDIBGI), halló que una ingesta dietética elevada del aminoácido prolina y una microbiota alterada se relacionan con la incidencia de la depresión.


EXCESO DE PROLINA: UN FACTOR DE RIESGO PARA LA DEPRESIÓN

La depresión afecta a 300 millones de personas, el 4,4 por ciento de la población mundial. Por ahora, la eficacia de los tratamientos está por debajo del 50 por ciento y, de los enfermos que responden bien a la medicación, el 40 por ciento recaen.

Según los investigadores, la prolina es el factor dietético con mayor relación con la depresión. Pero para que se convierta en un factor de riesgo es necesario que la microbiota esté alterada. Observaron que si se trasplantaba microbiota de personas deprimidas a ratones, estos se deprimían y aumentaban sus niveles en suero de prolina. 

A partir del estudio, se puede deducir que reducir la ingesta de prolina y mejorar el estado de la microbiota intestinal podría ayudar a prevenir y tratar la depresión. 

QUÉ ES LA PROLINA

La prolina es un aminoácido no esencial (es decir, el cuerpo puede sintetizarlo a partir de otros aminoácidos) que participa en el metabolismo del glutamato (neurotransmisor excitador) y del GABA (neurotransmisor inhibidor).

EN QUÉ ALIMENTOS SE ENCUENTRA LA PROLINA

 La prolina abunda en alimentos como la gelatina, las carnes, los productos lácteos y los alimentos vegetales proteicos. 

Contenido aproximado de prolina en alimentos comunes por cada 100 gramos:

  • Carne de ternera:  1,7 g
  • Pollo: 1,3 g
  • Pescado graso:  1,5-1,8 g
  • Mariscos: 1,5-2 g 
  • Leche: 0,3-0,5 
  • Queso: 1-1,5 g 
  • Huevos: 0,3-0,4 g 
  • Legumbres: 1-1,5 g 
  • Frutos secos: 0,5-1 g
  • Semillas: 1-1,5 g 

LA MICROBIOTA ES CLAVE EN EL RIESGO DE DEPRESIÓN

La prolina participa en los procesos bioquímicos que llevan a la depresión, pero por sí sola no la explican. En el estudio se observó que personas con una dieta rica en prolina no tenían niveles altos en la sangre  y no sufrían depresión.

La clave estaba en la microbiota, en las bacterias intestinales que intervienen en la digestión y en el metabolismo de la prolina. Si la microbiota está sana, la prolina no aumenta. 

Estudios anteriores habían mostrado que la disbiosis intestinal (alteración de la microbiota) desencadena un estado proinflamatorio en el huésped al aumentar la permeabilidad de la barrera intestinal, que se asocia a ansiedad o la depresión. 

Los investigadores descubrieron que las personas con depresión tienen niveles bajos de Bifidobacterium pseudolongum, especies de la familia Lachnospiraceae, productora de butirato, y actinobacterias  (Bifidobacterium spp. Colinsella spp).

En cambio, el estudio sugiere, a partir de la experimentación con animales de laboratorio, que la bacteria intestinal L. plantarum, que se encuentra disminuida en la microbiota de muchos pacientes con depresión, podría proteger frente a la enfermedad. 

Algunos estudios preclínicos en modelos animales han sugerido que ciertas cepas de Lactobacillus plantarum podrían influir en los neurotransmisores y las respuestas inflamatorias en el cerebro, lo que podría estar relacionado con mejoras en el estado de ánimo y la función cognitiva. Pero por el momento no se puede concluir que los probióticos sean un tratamiento contra la depresión. Son necesarios más estudios clínicos. 

¿CÓMO SE PUEDE MEJORAR EL ESTADO DE LA MICROBIOTA INTESTINAL?

  • Incluye en tus menús frutas, verduras, legumbres, granos enteros y alimentos fermentados como el yogur, el kéfir o el chucrut, pues contienen bacterias beneficiosas.
  • Aumenta el consumo de fibra prebiótica porque es un nutriente esencial para alimentar a las bacterias beneficiosas del intestino. La consigues con las frutas, verduras, granos enteros, frutos secos y semillas. Destacan como fuentes de fibra prebiótica los espárragos, las alcachofas, los plátanos y las cebollas.
  • Evita los alimentos ultraprocesados y los azúcares refinados.
  •  Mantén el estrés bajo control: el estrés crónico puede afectar negativamente la microbiota intestinal. Prueba técnicas de relajación como la meditación, el yoga o la respiración profunda para reducir los niveles de estrés.
  • Duerme: el sueño adecuado es esencial para la salud general, incluida la de la microbiota intestinal. Intenta dormir entre 7 y 8 horas por noche.
  • Evita el uso innecesario de antibióticos porque pueden alterar la microbiota intestinal. Sigue las indicaciones de tu médico si necesitas tomarlos.
  • El ejercicio físico regular promueve una microbiota intestinal saludable. Realiza actividades físicas que te gusten y sean adecuadas para tu condición física.

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