16 diciembre 2019

Reflexión

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Cuando te encuentras con alguien, aunque sea muy brevemente, ¿reconoces su ser prestándole toda tu atención? ¿O le reduces a un medio para un fin, un mero papel o función?
¿Cuál es la calidad de tu relación con la cajera del supermercado, con el empleado del aparcamiento, con el mecánico, con el «cliente»?
Un momento de atención es suficiente.
Mientras le miras o le escuchas, hay una alerta silenciosa, tal vez de unos pocos segundos, tal vez más larga. Eso es suficiente para que emerja algo más real que los papeles con los que nos identificamos y que estamos acostumbrados a desempeñar.
Todos los papeles son parte de la conciencia condicionada característica de la mente humana.
Lo que emerge a través del acto de atención es lo incondicionado: lo que eres tu en esencia, más allá de tu nombre y de tu forma.
Dejas de seguir un guión, te vuelves real.
Cuando esa dimensión emerge dentro de ti, también la evocas en la otra persona.
En último término no hay otro, siempre te estás encontrando contigo mismo.
¿Cuál es tu relación con el mundo de los objetos, con las incontables cosas que te rodean y que utilizas cada día?
¿La silla en la que te sientas, el bolígrafo, el coche, la taza?
¿Son para ti simples medios para un fin, o de vez en cuando reconoces su existencia, su ser, aunque sea brevemente, dándote cuenta de ellos y prestándoles atención?
Cuando te apegas a los objetos, cuando los usas para justificar tu valía ante ti mismo o a ojos de los demás, la preocupación por las cosas puede adueñarse completamente de tu vida.
Cuando te identificas con las cosas, no las aprecias por lo que son, porque te estás buscando en ellas.
Tu sentido de "yo" no sería el que ahora es, si no fuera por esos objetos.
Cuando aprecias un objeto por lo que es, cuando reconoces su ser sin proyecciones mentales, no puedes dejar de sentirte agradecido por su existencia.
También podrías sentir que en realidad no es inanimado, que sólo parece inanimado a los sentidos.
Los físicos confirman que, a nivel molecular, cada objeto es un campo de energía pulsante.
La apreciación desinteresada del reino de las cosas hará que el mundo que te rodea cobre vida de un modo que ni siquiera puedes comenzar a comprender con la mente.
Cuando contemplas la belleza natural de las cosas y de las personas y algo dentro de ti responde profundamente a ella, cierra los ojos un momento y siente la esencia de ese amor o de esa belleza interna, inseparable de quien eres, de tu verdadera naturaleza.
La forma externa es un reflejo temporal de lo que, en esencia, eres por dentro.
Por eso, el amor y la belleza nunca pueden abandonarte, aunque todas las formas externas lo harán.
-Eckhart Tolle-

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