Somos lo que comemos. Sabemos que lo que ponemos en el plato condiciona nuestro peso, nuestra salud cardiovascular, los niveles de colesterol y hasta la frecuencia con la que visitamos el baño. Pero pocas veces nos paramos a pensar que tener buena piel depende en buena medida de lo que comemos y, más concretamente, de lo que el doctor Leandro Martínez, del Hospital Regional Universitario de Málaga y miembro de la Fundación Piel Sana de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) denomina la “dieta dermosaludable”: una alimentación que le sienta bien a la piel.
¿Qué debemos llevar a la mesa para cuidar del órgano más extenso de nuestro cuerpo? La dermatóloga y miembro de la AEDV, Paloma Cornejo, alumbra las tres cualidades de cualquier menú: «Que hidrate, que nutra y que ayude a eliminar toxinas». 



Zanahorias
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Zanahorias

No es un mito. La zanahoria es uno de los alimentos con mayor contenido en vitamina A y betacarotenos. «Estos últimos son precursores de la vitamina A, la que más contribuye a mantener la piel sana. También favorece el bronceado ya que su presencia es necesaria para la producción de melanina», apunta la doctora. Tómala a diario, ya que «el betacaroteno no se acumula. En otras palabras, el organismo sólo absorbe la cantidad que necesita, desechando el resto». Lo de que los conejos no llevan gafas porque comen muchas zanahorias es un cuento chino… pero con base científica: el nervio óptico necesita vitamina A y una proteína llamada ‘opsina’ para su buen funcionamiento. 



Cítricos (o kiwi)
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Cítricos (o kiwi)

La vitamina C es otro de los pilares de una piel sana. «Interviene en la síntesis del colágeno, proteína que constituye el tejido cutáneo y le otorga sostén». Se suele recomendar 60 mg/ día de vitamina C. Una naranja al día proporciona 83 mg de esa vitamina (138% CDR). Un kiwi, 84 mg (141% CDR). Su carencia hace que la piel se vea cada vez más flácida y las arrugas se marquen con más facilidad. 



Nueces
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Nueces

Este fruto seco, que se consume al natural y no tostado, conserva intactas sus vitaminas. En especial, la vitamina E. «Es el antioxidante por excelencia. Protege y ayuda a mejorar el tejido celular, contrarresta con eficacia el envejecimiento y favorece la circulación sanguínea, imprescindible para que los nutrientes lleguen a todas las células». También son ricas en ácidos grasos Omega 3 – esto no significa que engorden–, al que «diversos estudios vinculan con una mejoría en la psoriasis». 



Carne y/o pescado
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Carne y/o pescado

En pleno auge de la proteína vegetal algunos nutricionistas advierten de que eliminar los productos de origen animal pueden conducir a una posible falta de vitaminas del grupo B. Una ingesta razonable de carne o pescado nos aporta la cantidad suficiente vitamina B2 o riboflavina, con un papel esencial para controlar la seborrea. También son ricos en selenio, «un mineral con acción antioxidante que se ha relacionado con un menor riesgo de aparición de ciertos tumores, entre ellos el de piel o melanoma». 



Cereales integrales
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Cereales integrales

Aportan vitamina B3, también conocida como niacina. «Esta vitamina participa en la síntesis de la queratina. Aunque tal vez nos suene a ingrediente de productos capilares los cierto es que esta proteína también da estructura a la piel». Ojo con los cereales. No todo vale. Huye de los que llevan azúcar refinado ya que este dulce ingrediente provoca ‘glicación’ celular (por resumirlo fácilmente, un mal funcionamiento de las proteínas celulares de la piel que deriva en arrugas prematuras).




Lentejas
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Lentejas

Aunque ya hemos hablado de que las proteínas animales son la principal fuente de vitaminas del grupo B, las lentejas también aportan una importante dosis de esos nutrientes. Por si fuera poco, también van cargadas de selenio y zinc. Este último es un mineral crucial en la cicatrización de las heridas.   



Tomates
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Tomates

El rojo intenso de esta hortaliza no solo anima una ensalada. También protege nuestra piel. «Los responsables son los licopenos, un tipo de antioxidantes que refuerzan las defensas naturales de la piel frente al sol. Al ser liposolubles conviene acompañarlos de algún alimento graso (un chorrito de aceite o aguacate, por ejemplo). Y, mejor aún si se cocinan. De esta manera se descomponen las paredes celulares de la carne del tomate y se libera una mayor cantidad de licopeno», asegura la doctora Mª Concepción Vidales, directora de la Clínica Nutrimedic.